Intermediate Spanish Podcast - Español Intermedio· Staffel 1· Folge 264

E264 Pioneras: solo querían jugar - Intermediate Spanish Podcast

Donnerstag, 29. Oktober 2026 · 22 min

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Shownotes

¿Te imaginas ser detenida/o por organizar un partido de fútbol femenino? En la España de 1970 pasó de verdad, y es solo una de las historias de las pioneras del fútbol femenino español.
En este episodio te cuento cómo unas chicas de catorce años, que trabajaban en fábricas y jugaban sin cobrar, se enfrentaron a las burlas, al franquismo y a una federación que no quería reconocerlas. Desde el Spanish Girl's Club de 1914 hasta el Mundial de 2023.
¿Qué puedes hacer tú hoy con total normalidad que alguien de tu familia no habría podido hacer hace cincuenta años?
El fútbol levanta pasiones – Intermediate Spanish
Imagina que tienes catorce años – Spanish Listening Practice
Las primeras futbolistas en España – Spanish Culture Podcast
Ser mujer durante el franquismo – Comprehensible Input in Spanish
Rafael Muga y el partido de Villaverde – Learn Spanish Naturally
Kubalita y Quilla, dos pioneras – Spanish for Intermediate Learners
Una selección que no podía ser España – Immersive Spanish
El NO-DO y la humillación – Authentic Spanish Listening
No tiraron la toalla – Spanish Learning Podcast
De pioneras a campeonas del mundo – Conversational Spanish
Por qué recuperar estas historias – Real Spanish Conversation
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El fútbol levanta pasiones en España. Este año lo hemos vuelto a comprobar con el Mundial que se ha celebrado en Canadá, México y Estados Unidos y que finalmente ha ganado la selección de fútbol masculina de España. Millones de personas han seguido los partidos. En este último Mundial hemos visto estadios llenos, celebraciones, camisetas, anuncios, ruedas de prensa y futbolistas que cobran cantidades de dinero difíciles de imaginar.

Pero hoy no quiero hablarte de la gran industria del fútbol actual, sino de algunas personas que no lo tuvieron nada fácil para dedicarse a este deporte. Imagina que tienes catorce años, trabajas en una fábrica textil y cuando termina tu jornada coges una bolsa con unas botas de fútbol y te vas a entrenar.

Algunos fines de semana viajas durante horas en autobús para jugar un partido. Cuando regresas, no tienes tiempo ni siquiera para pasar por casa. Te bajas del autobús y corres directamente a la fábrica porque empieza de nuevo tu turno. No cobras por jugar, no ganas dinero, tampoco tienes seguro médico y ni siquiera sabes si la semana siguiente habrá un campo disponible para disputar ese partido importante del calendario.

Además, mucha gente no quiere que juegues. Considera que una mujer jugando al fútbol resulta ridícula, poco femenina o incluso peligrosa. Pero tú estás decidida a continuar porque te encanta el fútbol. Y antes de entrar en el tema, te recuerdo, estudiante, que este episodio tiene recursos gratuitos en la web spanishlanguagecoach.com.

Transcripción completa en español, la traducción al inglés, un ejercicio de comprensión y tarjetas de vocabulario. Y hoy, estudiante, quiero hablarte de las mujeres que empezaron a jugar al fútbol en España. Parece que el primer intento, más o menos en serio, de fundar un equipo de deporte sucedió en Barcelona en 1914.

Se trataba del Spanish Girl's Club y el 9 de junio de ese mismo año disputó el primer partido femenino del que se tiene constancia en España. La experiencia duró poco. Una parte de la prensa no trató a las jugadoras como deportistas, sino como una rareza o una curiosidad. A eso se le unió que después llegaron años muy difíciles para el país con la Guerra Civil y la dictadura. Aunque de manera informal, las niñas siguieron jugando en los parques y las plazas con sus vecinos y sus hermanos.

Las primeras mujeres que quisieron practicar este deporte en España de manera un poco más formal lo tuvieron muy difícil. Los equipos masculinos sí que contaban con el respaldo, con el apoyo de los clubes y las instituciones. Ellas no tenían ningún tipo de apoyo. Es más, recibían principalmente burlas, se reían de ellas y obstáculos.

Gracias a estas chicas se fueron rompiendo barreras. Pero para entender mejor la importancia de lo que hicieron, primero tenemos que viajar a la España de 1970. Franco todavía vivía y España seguía siendo una dictadura. Ya sabes que cuando hablamos de la historia de España durante el siglo XX, Franco está muy presente porque gobernó el país durante varias décadas.

Es lo que tienen los dictadores, que son adictos al poder. El caso es que en los años 70 la vida de las mujeres estaba marcada por leyes, instituciones y costumbres que les concedían mucha menos libertad que a los hombres. Para que te hagas una idea, una mujer casada continuaba sometida legalmente a la autoridad de su marido.

Podía trabajar, pero para realizar muchos trámites, formalidades, incluso de su propia economía, necesitaba la llamada licencia marital, es decir, la autorización de su esposo. Esta situación no se reformó hasta 1975 y mientras tanto, el proyecto de vida que la sociedad reservaba para una mujer era tan claro como limitado.

Debía casarse, cuidar de la casa y tener hijos, y a veces trabajar fuera de casa también. Y esto no solo era la costumbre, era una cuestión política. La Sección Femenina, una organización vinculada al régimen franquista, enseñaba cómo debía comportarse una mujer española y también tenía sus reglas cuando hablábamos del deporte.

Promovía algunas actividades físicas, sí, pero siempre dentro de una idea muy concreta de feminidad. Su idea es que el deporte debía preparar cuerpos sanos para la maternidad, no formar mujeres competitivas, fuertes o independientes. Y el fútbol era especialmente problemático, ya que se consideraba demasiado agresivo, masculino y poco estético para una mujer.

Fíjate en la palabra estético. Les preocupaba la imagen que daba una mujer mientras corría, sudaba, se caía al suelo o daba una patada al balón. De hecho, las mujeres que jugaban al fútbol tuvieron que escuchar que practicar ese deporte podía impedirles tener hijos o que se convertirían en marimachos, una palabra despectiva que se utilizaba para insultar a una mujer que no se comportaba de la manera considerada tradicionalmente femenina.

Hoy puede parecernos absurdo, porque lo es, pero piensa en el poder de esos mensajes en las niñas que tenían trece o catorce años en aquella época. No obstante, pese a los obstáculos, el fútbol femenino fue ganando popularidad en España. Y para entender cómo ocurrió, tenemos que ir a Madrid. Allí, un joven llamado Rafael Muga comenzó a entrenar a un equipo masculino del barrio obrero de Villaverde.

Y muchas de las novias de los jugadores acompañaban a sus parejas para verlos entrenar. Un día, Muga se fijó en aquellas chicas que estaban pasando frío mientras veían jugar a sus novios y pensó algo lógico para nosotros hoy, ¿no? Quizás ellas también querrían jugar. Comenzó a organizar equipos y a buscar futbolistas femeninas.

Algunas llegaron después de leer anuncios en el periódico. Otras habían jugado desde pequeñas en la calle con sus hermanos, sus primos o sus vecinos y nunca habían imaginado que pudiera existir un equipo para ellas. Los equipos se formaron, las chicas empezaron a entrenar y llegó el momento de jugar en serio contra otros equipos femeninos.

El 8 de diciembre de 1970 se enfrentaron en Villaverde, el Sizam y el Mercacredit. La entrada costaba veinticinco pesetas y acudieron alrededor de ocho mil personas. Mucha gente, ¿verdad? Bueno, algunos fueron por curiosidad. Quizás otros esperaban reírse, pero lo que vieron sobre el campo fueron futbolistas de verdad.

El Sizam ganó cinco a uno y Conchi Sánchez fue la gran estrella del encuentro. Ella marcó los cinco goles. La prensa la bautizó como «Conchi Amancio», comparándola con Amancio Amaro, una de las grandes estrellas del Real Madrid de la época. Conchi tenía solo trece años. Y antes de aquel partido, su padre le había comprado unas botas de fútbol y según se cuenta, estaba tan emocionada que durmió con ellas puestas.

El partido fue un éxito. Sin embargo, cuando terminó, dos guardias civiles se acercaron a Rafael Muga y se lo llevaron al cuartel. La Guardia Civil es una institución muy antigua, similar a la policía. En otros países hay gendarmes o sheriffs. Nosotros tenemos a los guardias civiles. La policía tiene comisarías y la Guardia Civil tiene cuarteles y ellos llevaron al entrenador a un cuartel.

Muga, el entrenador, estaba asustado. Cuando llegó, el comandante quiso saber cómo se le había ocurrido organizar un partido de mujeres. Para él, aquello parecía casi tan extraño como ver aterrizar una nave espacial. Aunque finalmente Muga pudo marcharse, le quedó claro que si seguía entrenando a chicas, la cosa no iba a ser fácil.

Pese a todo, poco después aparecieron nuevos equipos en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades españolas. En Barcelona, Inmaculada Cabecerán publicó un anuncio para buscar jugadoras y el 25 de diciembre de 1970 se disputó un partido en el Camp Nou, el estadio del Fútbol Club Barcelona. Sin embargo, aquel equipo femenino todavía no estaba reconocido oficialmente por el club.

Las jugadoras no pudieron utilizar el nombre del Barça ni llevar su camiseta. Es decir, podían entrar en el estadio y jugar, pero todavía no podían pertenecer completamente a él. Hace poco, dos de aquellas pioneras, Carmen Arce, conocida como Kubalita, y Mari Ángeles Pérez, conocida como Quilla, contaron su experiencia en un programa de televisión.

Quilla explicó que un día vio en el periódico el anuncio de un partido de fútbol femenino, fue a verlo y cuando terminó se acercó para decir que a ella también le hacía muchísima ilusión jugar. Le dijeron que se presentara en un entrenamiento en la Casa de Campo de Madrid y así fue como comenzó su historia como futbolista.

Kubalita llegó de una forma parecida. Su padre encontró un anuncio en el que se buscaban chicas para crear un equipo femenino en Valencia. El anuncio prometía un «gran porvenir» y «buenos ingresos». Es decir, les prometía futuro y dinero. ¿Y qué padre no querría algo así para su hija? Bueno, pues la realidad fue muy diferente.

Aquellas chicas entrenaban, viajaban y competían sin cobrar, sin salario y sin ningún tipo de protección. Algunas futbolistas trabajaban desde muy jóvenes en fábricas para mantenerse y ayudar a sus familias. Por ejemplo, Quilla tenía catorce años y trabajaba en una empresa textil. Y había días en los que regresaba de un viaje con el equipo y tenía que correr directamente desde el autobús hasta la fábrica, como hemos mencionado al principio del episodio.

Pese a todo, ellas estaban muy ilusionadas y después de terminar un partido, la pregunta siempre era la misma, «¿Cuándo es el próximo?» Pues las chicas siguieron jugando cada fin de semana hasta que en 1971 se llegó a organizar una selección española femenina. Eso sí, no reconocida oficialmente. ¿Y sabes por qué?

Bueno, Muga entrenó a aquellas chicas, vio su potencial y habló con la Federación Española de Fútbol para crear una selección española femenina. La Federación se opuso. Su presidente consideraba que una mujer estaba más favorecida, más guapa con un traje regional que con una camiseta y un pantalón de fútbol.

No podían representar al país como deportistas. La verdad es que escuchamos esto ahora y entran ganas de llorar. Lo más curioso es que el cambio social ya había llegado, pero muchas veces las instituciones se resisten a ese cambio. A pesar de todo, la selección no oficial jugó contra Portugal en 1971 y disputó otros partidos internacionales.

Las españolas vestían de rojo, pero no podían llevar el escudo nacional porque la Federación quería dejar claro que aquel equipo no la representaba. O sea, eran España, pero oficialmente no podían serlo. No tenían los apoyos y el respaldo que necesitaban para crecer ni la posibilidad de construir un futuro profesional en el deporte que tanto les apasionaba.

Además, las instituciones se las querían quitar de en medio. Quitarse a alguien de en medio significa eliminar un obstáculo o hacer que una persona deje de molestar. Y eso fue precisamente lo que intentaron hacer con ellas. Uno de los momentos más vergonzosos ocurrió después de un partido contra Italia.

El NO-DO, el noticiario propagandístico que se proyectaba obligatoriamente en los cines durante el franquismo, realizó un reportaje sobre las jugadoras. Ellas eran deportistas muy jóvenes que estaban empezando y que competían sin medios. No lo tenían nada fácil. ¿Y sabes lo que hizo el noticiario? Las ridiculizó.

Se lo puso todavía más difícil. Más de 50 años después, algunas de ellas siguen recordando aquel reportaje con dolor. Piensan que intentaron humillarlas para que desaparecieran. Y lo peor es que te recuerdo que solo eran niñas de 13, 14 y 15 años. Normalmente, cuando un equipo masculino pierde un partido, la derrota se analiza hablando de táctica, de errores defensivos o de las decisiones del entrenador.

Sin embargo, en el caso de aquellas chicas, una derrota se utilizaba como argumento para demostrar que las mujeres no debían jugar al fútbol. La verdad es que esto es bastante común entre las personas pioneras. Cuando eres la primera persona de tu grupo que entra en un espacio, muchas veces no te permiten equivocarte.

Si triunfas, dicen que eres una excepción y si fracasas, dicen que tu grupo entero no sirve, no es válido. Da igual cómo lo hagas, siempre te convierten en un argumento a favor de su opinión. ¿Sabes lo que ocurrió después de aquel reportaje tan hiriente, después de que las humillaran públicamente? Continuaron jugando.

No tiraron la toalla. Tirar la toalla significa abandonar o dejar de intentarlo. Conchi Sánchez llegó a jugar profesionalmente en Italia, donde el fútbol femenino estaba más desarrollado, pero muchas otras jugadoras tuvieron que abandonar. No dejaron de amar el fútbol, pero la vida adulta incluía facturas a final de mes, trabajos y obligaciones que no eran compatibles con los entrenamientos y los partidos.

Aquellas mujeres abrieron camino. Abrir camino significa hacer posible que otras personas avancen después de ti. Pero resulta paradójico e incluso injusto que abrieran un camino que muchas no pudieron recorrer hasta el final. El reconocimiento oficial tardó una década. La Federación Española aceptó el fútbol femenino en 1980 y en 1983 la Selección Española jugó su primer partido oficial, también contra Portugal.

Pero el tiempo pasa y muchas de las chicas que habían iniciado aquella aventura ya no estaban allí. Décadas después, en 2019, la Federación organizó un homenaje y entregó camisetas oficiales a varias de las pioneras. Por fin aparecía en su pecho el escudo que les habían prohibido llevar en 1971. Pero eso no es todo, porque no fue hasta 2021 cuando la máxima competición femenina española fue reconocida oficialmente como liga profesional.

¿Por qué? Porque la palabra profesional tiene mucho peso. Convierte el deporte en un trabajo, no solo una pasión que tienes que practicar después de salir de tu empleo habitual. Y ahora sí, después del recorrido de las pioneras, llegamos a 2023. España jugó la final del Mundial femenino contra Inglaterra, ganó uno a cero y se proclamó campeona del mundo.

Millones de personas celebraron la victoria en las calles españolas. Había niñas con camisetas de sus jugadoras favoritas. Esas niñas, en su día a día, tal vez juegan al fútbol, tienen entrenadoras y sueñan en convertirse en futbolistas profesionales. Si lo miramos con perspectiva, hemos avanzado, pero no quiero idealizar el presente porque las futbolistas actuales han tenido que seguir luchando por sus salarios, sus instalaciones, su protección y el respeto que merecen.

Pero han conseguido jugar. Y por cierto, si te interesa este tema, hay una película cuyo título es «Pioneras, solo querían jugar». El título es perfecto porque nos recuerda que estas niñas no estaban pidiendo nada extraordinario, solo querían un espacio en el que pudieran hacer lo que les gustaba. Y al hacer eso, contribuyeron a que la sociedad empezara a ver el deporte femenino con unos ojos más amables, aunque su deseo era mucho más simple, querían jugar.

Y esto lo hemos visto muchas veces a lo largo de la historia. Una chica quiere entrar en la universidad para ser doctora, una periodista quiere firmar un artículo con su propio nombre y unas adolescentes que quieren jugar al fútbol con sus amigas, igual que hacen sus hermanos, primos o sus novios. Muchos cambios profundos han empezado con un deseo cotidiano, no con un discurso ni una manifestación política.

Simplemente, unas personas querían hacer algo completamente normal y la sociedad les respondía que no es posible. Recuperar estas historias es importante porque los derechos y las oportunidades que hoy parecen normales pueden hacernos olvidar que alguien tuvo que soportar la burla, el rechazo o el castigo antes de que fueran aceptadas por la sociedad.

Si quieres practicar tu escritura en español, piensa en algo que hoy puedes hacer con total normalidad, pero que una persona de tu familia no habría podido hacer hace cincuenta o cien años. Puede ser estudiar una carrera, divorciarse, votar, vivir sola, practicar un deporte, elegir una profesión o viajar sin pedir permiso.

Y si te ha gustado, recuerda que puedes encontrar transcripción, traducción y el ejercicio de comprensión y las tarjetas de vocabulario del episodio en spanishlanguagecoach.com. Nos escuchamos en el próximo episodio. Un abrazo grande.

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