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Shownotes
Darío Vesselizza Randi no sabe si contar a la fiscalía todo lo que vio el día del superclásico en el cruce de las calles Huergo y Brasil. La decisión que tome este barra de Boca podría influir definitivamente en el éxito por encontrar a los responsables del homicidio de los dos hinchas de River.
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Después de que terminan todos estos sucesos, yo me voy directamente para la casa de mi abuela, que toda esa secuencia era un zombie de Walking Dead. Era caminar y 80 cosas en la cabeza
Este es Darío Veseliza Randi, el barra de boca que conocimos en el episodio anterior. Cuando dice todos estos sucesos, se refiere al 30 de abril de 1994, el Día del Superclásico, y a la emboscada con armas de fuego que sufrieron unos hinchas de River por un grupo de la 12, la Barra de Boca. La
secuencia del tiroteo fue cruel, ridícula y de caricatura
Darío estuvo ahí, vio todo, y con esas imágenes en su cabeza vuelve a casa esa noche. En los días que siguen, Darío no sabe qué hacer. La matanza de la que fue testigo es noticia nacional. Hasta su abuela la comenta. Me
dice, nene, mirá lo que pasó en la cancha. Escuché lo de la boca de tu abuela. Me dice, mirá lo que pasó. Me dice, bueno, ahora estamos metidos en un lío. Mirá los dos pibes esos. Me dice, a la puta madre que te parió. Ya me comía en la cabeza. No dormían toda la noche.
Y unos días después, a principios de mayo... Golpean la puerta de la casa de mi abuela y un hombre más o menos bien vestido... Le suena haber visto a ese hombre alguna vez, pero no lo conoce personalmente. Siempre pensó que era una especie de abogado que colaboraba con la barra.
Dice, Darío,
dice José que se borren todo. José es José Barrita, el abuelo, líder de la 12.¿ Y usted
quién es? Me manda José a decir que se borren todo.
Es la primera vez que alguien de la barra va a visitarlo. Hasta ese momento, su vida con la 12 y su vida personal, su familia, eran dos cosas completamente separadas. Darío le contesta. Darío no sabe qué hacer. En su cabeza empieza unida y vuelta entre quedarse en su casa o armar un bolso e irse. No se acuerda exactamente cuántos días fueron, pero sí recuerda que en un momento...
Dije
no,
basta
Se acabó. Yo esto se lo tengo que contar a alguien que esté investigando para ver lo que pasó.
Así que el jueves 5 de mayo, cinco días después del superclásico, Darío sale de su casa rumbo al Palacio de Tribunales, a unos 50 minutos de viaje. El edificio es imponente, podría ser un museo. Al ingresar, en la entrada, hay un mostrador de informes. Darío no sabe bien a dónde ir, así que se acerca para consultar. Le dije por lo
que iba, me dice que se quiere presentar a declarar usted. Le digo, sí,¿ qué le parece?
Darío entra a la oficina y se para frente a un mostrador, donde lo recibe el secretario del juez que dirige el proceso. El secretario le pregunta quién es. Darío le dice su nombre y le muestra su documento de identidad. Y entonces el secretario le pregunta por qué se está presentando ahí.
le resumí lo que había visto y lo que había pasado y que yo sentía que tenía que tratar de ayudar en algo para que se haga justicia.
Después de escucharlo, el secretario lo hace pasar al interior de la oficina. Le ofrece una silla para que se siente. Darío da la impresión de estar muy nervioso, así que el secretario le dice que se calme y le ofrece un vaso de agua. Y mientras tanto, levanta el teléfono, hace una llamada y unos minutos después...
Aparece una señora rubia, más o menos bien arreglada, bien vestida, que después tengo entendido que era la fiscal.
Cuando aparece este testigo, era muy detallado el
informe que él traía. La fiscal Paula Azaro, una de las investigadoras del caso, a quien conocimos en el segundo episodio.
Da un detalle de cómo sucedieron los acontecimientos, quiénes habían participado, los apodos. A partir de este momento, el caso va a dar un giro completo.
La declaración de Darío se va a convertir en una pieza clave que no solo va a cambiar el rumbo de la investigación, también va a cambiar su vida. Desde Central Series y Radio Mulante Studios, soy Silvia Viñas, y esto es Superclásico 94. Episodio 5. Que se borren todos. La oficina de la Fiscalía tiene dos salas. La primera es donde se hace todo el trabajo administrativo. Tiene algunos escritorios y expedientes por todos lados, en estanterías, ficheros, apilados en el suelo y arriba de las mesas. Hay mucho movimiento de gente entrando y saliendo, llevando carpetas o papeles de un lado al otro. Al fondo hay una puerta que lleva a una segunda sala. Esta sala es una oficina más tranquila, con un escritorio central y es donde
se toman las declaraciones. En esa habitación está sentado Darío, con la fiscal Azaro y el secretario, que toma nota de la declaración en una computadora.
Me dice, bueno, empíseme a relatar lo que pasó, los sucesos en sí, con calma, sin omitir nada, y cuando no esté seguro, acláramelo.
Sigue la historia Mariano Pachella.
Darío empieza su declaración contando que es hincha de boca desde chiquito y que hace tres años más o menos que forma parte de la barra. Y después pasa a detallar minuciosamente todo lo que sucedió ese día, antes y después del partido. A lo largo del episodio vamos a ir conociendo detalles de lo que declaró Darío, pero antes queremos contarles cómo fue ese día para él, cómo fue declarar en contra de la barra que tanto quería. Así que seguimos por un momento con la escena de la oficina de la fiscalía, con el secretario tomando nota en la computadora de todo lo que cuenta Darío. Cuando me quise acordar habían pasado
prácticamente cuatro horas, cuatro horas y media.
Después de todo ese tiempo, la fiscal Azaro se retira de la oficina y Darío se queda solo con el secretario.
Me dice, vos te das cuenta de lo que estás haciendo, ¿no?¿ Te das cuenta que te podés incriminar vos solo
Como si quisiera que Darío tomara dimensión real de lo que significa hacer esta declaración y de lo perjudicial que podría llegar a ser para él. Pero Darío está convencido. Yo vine acá a contarle
a usted lo que pasó. Usted verá después quién fue preso, quién se fue a la casa.
Al poco tiempo llega el juez César Quiroga, que dirige la investigación. Darío declara por una media hora más. Cuando termina, leen su declaración en voz alta para que ratifique todo lo que registraron. La imprimen y la firman él, el juez y el secretario. Entonces, el juez habla por teléfono y unos minutos después... Llegan el jefe de homicidios
con dos personas más y me presentan, escuchan un par de palabras... Y el juez me dice, bueno, usted ahora necesito que se desplace con esta gente hacia el departamento de policía a ver si algún dato más puede surgir, algún reconocimiento para dar con todas las personas
implicadas. El juez añade que se quede tranquilo, que va a estar bien cuidado y que luego podrá irse a su casa o a donde prefiera. Darío se despide del juez y del secretario y se retira con los tres oficiales. Pero ya se hizo la tarde y afuera, en la calle, se escucha que hay bastante movimiento de gente.
Cómo salgo yo ahora? No quiero salir por acá yo. Yo no voy a salir por acá. Lo van a reconocer. Vamos a hacer una cosa. Me da la carterita como si llevaba el arma antes.
Esa carterita es la funda del arma, que se cuelga cruzada desde un hombro y queda a la altura del cinturón. Darío se la pone para simular que es un oficial. Cuenta que bajan por una escalera interna larguísima. Ahí a Darío y a los oficiales los espera un auto particular sin ninguna identificación de que pertenece a la policía. El jefe se sube adelante con uno de los oficiales y Darío se sube atrás con el otro. Salen de los tribunales y entonces el policía que está sentado al lado de él... Me pasa la mano por
el hombro y me da una palmarita bastante... Bastante picante y me dice palabras más, palabras menos, pendejo, no sabés qué problema te metés.¿ Vos estás seguro de lo que vas a hacer?
Es la tercera vez que le preguntan esto. Las anteriores, en la entrada de los tribunales y con el secretario del juez, Darío lo sintió como que querían asegurarse de que, entendiera lo que estaba por hacer. En este caso, de la boca de un policía, lo siente como una amenaza. Es una prestada como la que nosotros hacíamos cuando íbamos a la cancha y teníamos un control que
nos
quería pedir la entrada. El auto llega al departamento de policía y entran. Ahí el jefe de la brigada de homicidios le pide a Darío que haga un resumen de lo que ya había declarado. Luego viene alguien con fotos y le pide identificar a las personas que vio ese día.
Este, este, este.¿ Estás seguro? Este, este, este. Ponen por escrito, lo firman.¿ Estás seguro de lo que va a declarar? Sí, totalmente. Listo
Darío acaba de señalar a miembros de la barra y de nuevo, por cuarta vez, le preguntan si está seguro de lo que hace. Mientras están terminando con los reconocimientos, le acercan una llamada al jefe de homicidios. Es el juez, que quiere saber cómo va todo. Después de hablar con él, pide que le pase el teléfono a Darío. El juez le dice que si necesita custodia o un lugar seguro donde quedarse, la gente de homicidios se lo puede proporcionar.
Le digo al juez, yo acá no vengo más. En su juzgado, en su secretaría, en el palacio, con usted, con el secretario y con la fiscal presente. Yo con esta gente no me deje más. Y yo me voy a proporcionar mi propia seguridad. Pero cómo lo ubicamos, cómo hacemos si necesitamos confirmar, corroborar algo. Usted tiene mi palabra que una llamada por día yo hago al juzgado. Si usted me dice a mí que a mí me necesitan para firmar algo, yo lo hago
Luego de esa llamada, Darío se va y, como le dijo el juez, comienza a organizar su propia seguridad. Años atrás, en uno de sus primeros trabajos, su jefe era un alto suboficial de la Fuerza Aérea y tenía departamentos en un edificio donde vivía mucho personal militar.
Inclusive tenía consignas de la Fuerza Aérea, el edificio y todo. Entonces... Le expliqué por la situación que había estado pasando si yo me podía quedar unos días y me quedé. Me quedé una semana, diez días. Eso no lo sabía nadie ni dónde era tampoco.
Mientras está ahí, escondido, Darío cumple con su promesa y cada tanto se comunica con el juzgado. Cinco días después vuelve a tribunales para dar una segunda declaración. A partir de ahí, Darío va a vivir cambiando de domicilio cada dos o tres meses, alquilando alguna habitación en un hotelucho y, sobre todo, esquivando cualquier lugar donde pudiera reunirse gente de la barra,
incluyendo...
Ir
a cualquier
estadio, olvídate. Mi último día que fui a la cancha de boca fue ese. O sea, el 30 de abril del 94, el Día del Superclásico, fue la última vez que Darío pisó la bombonera, su segundo hogar. Hacemos una pausa y volvemos.
Me acuerdo que fui, esa se tomó en un horario normal y sabía al detalle cómo habían sido los acontecimientos.
Esta es la fiscal Paula Zaro y esa declaración que nombra es la de Darío Randi, el barra arrepentido a quien estuvimos escuchando en este episodio. Ella se refiere a él por su apellido, Randi.
Al momento que nosotros estábamos y para avanzar en la investigación, sí, hubo que basarse en el testimonio de Randi.
Ya pasaron cinco días del doble crimen y la presión por conseguir respuestas aumentaba. Hasta el presidente del país en ese momento, Carlos Menem, da declaraciones donde dice, cito,« Los individuos responsables de este hecho son verdaderos salvajes». Pide que si alguien ha visto algo lo denuncie inmediatamente y asegura que« se llegará a los responsables».
Antes de que apareciera este testigo Randy, que fue, bueno, iluminador, abrió un abanico importante de medidas, nosotros teníamos determinada información de las personas que podrían haber participado de este hecho. O sea, quiénes eran, de alguna manera, los sacaditos de este grupo.
Por sacaditos, se refiere a los barras más violentos de la 12, que ya están en su radar. Para ese momento, la fiscalía tiene identificados a varios barras de la 12, pero no tiene claro su rol en el doble crimen el día del superclásico. Es más, de algunos solamente conoce los apodos. Me daba mucha risa
los apodos que se ponían, porque no era que la barra brava tenía un glamour, pero daba como un contenido, les diría, gracioso.
El lechero, el narigón, chiquito, dedos, pachi, charly, pelé, curly... Cuando Darío fue a dar su declaración, la fiscalía le leyó varios nombres y él contestó a quienes conocía y a quienes no. Dijo que ninguno de estos estuvo en la emboscada, pero sí confirmó los nombres de otros y no solo especificó quienes estuvieron ahí, sino también quienes dispararon. Entonces, bueno, de ahí
en más se piden un montón de órdenes de allanamiento para, bueno, ir directamente a detenerlos, ¿no?
Así que ahora vamos a basarnos en declaraciones y testimonios de la causa judicial, otras pruebas del expediente, cobertura periodística de la época y entrevistas para reconstruir quiénes eran los principales sospechosos, su rol dentro de la 12 y cómo fueron cayendo algunos de ellos. Porque como nos recuerda Gustavo Gravia, el periodista de Barras... La Barra
Brava de Boca, como ya sabemos, tenía muchas relaciones. Entonces... El dato a algunos se los habían filtrado, que los iban a ir a buscar, y los más importantes, o algunos de los más importantes, lograron fugarse. Entre ellos, obviamente, el abuelo.
Así que primero vamos a concentrarnos en los que no se fugaron. La Fiscalía pide órdenes de detención el mismo jueves 5 de mayo, después de la primera declaración de Darío. Y en la madrugada del viernes 6 se empieza a ejecutar el operativo.
Obviamente se organizó para que fuera simultáneo. Algunos fueron apareciendo de golpe, otros fueron apareciendo de a poco, pero tarde o temprano todos fueron apareciendo.
La 12 tenía como una estructura piramidal, digamos, el jefe era por entonces el abuelo, pero por debajo de él había como un círculo de poder y de control en el cual el abuelo confiaba bastante, por no decir totalmente.
Una de estas personas más cercanas al abuelo es Miguel Ángel Santoro, alias Manzanita. Es uno de los nombres que empieza a resonar más fuerte en la primera etapa de la investigación. Puede ser que le suene porque a Manzanita ya lo mencionamos en el episodio anterior. Su casa era la base de operaciones donde se juntaba la barra antes de cada partido. Y
era además la persona encargada de guardar lo que comúnmente se llama los trapos, que son las banderas de la barra, lo cual le daba mucho
poder. Manzanita Santoro es un miembro fundacional del Grupo del Abuelo, desde antes de entrar a la barra. Lo conoció a los 14 años, trabajaban en el mismo cerradero. Lo cierto es que Manzanita estaba en el radar de la policía desde el día del partido. Un sargento de la comisaría de La Boca declaró que lo vio con un grupo de personas, pero como estaban tranquilos, no les prestó atención.
Un rato después, escuchó por la radio policial que en la intersección de Huergo y Brasil había un muerto. Un cabo también testificó haberlo visto a pocas cuadras de ese cruce. Todo esto es suficiente para que, en los días inmediatos al superclásico, se pida la intervención del teléfono de la casa de Manzanita, donde se registran varias conversaciones. La más importante es del jueves 5, el mismo día que Darío va a declarar a la fiscalía. En esas llamadas telefónicas, Manzanita habla con su hermano, quien le dice que está con gente de la comisaría de La Boca, que lo están buscando, que tienen fotos y que se quede guardado porque lo tienen en la mira. Darío, en su declaración, también confirma que Manzanita estuvo con el grupo de atacantes
en la intersección. pero que no tenía ningún arma. Con toda esta información, la fiscalía pasa a la acción.
Se allanó en la casa de Manzanita y en la casa de Manzanita, bueno, justo se encontró un arma
El arma es un revólver marca Doberman calibre 32, que tiene lo que se llama un pedido de secuestro del año anterior. O sea, es un arma robada. En su casa también encuentran las banderas de la barra, pero Manzanita no está. En la conversación por teléfono registrada, Manzanita le pregunta a su hermano si le conviene fugarse, salir del país.
Su hermano le contesta, aguanta un poquito, y le pregunta qué piensa hacer. Manzanita le dice que, cito, a las seis de la mañana llega a Azul el micro. Azul es una ciudad que está a 300 kilómetros de Buenos Aires. En esa llamada, Manzanita y su hermano terminan diciendo que antes del sábado van a estar comiéndose un asado. Pero el viernes a las 8 de la mañana, dos horas después de bajarse del micro, del autobús, la policía de la ciudad de Azul lo detiene. Ese mismo viernes, otros barras también caen en distintos puntos de Buenos Aires. La conversación telefónica entre Manzanita y su hermano es clave para que lo detengan, pero también aporta más información. En un momento el hermano le dice a Manzanita que la policía
está enfocada en encontrar a los que dispararon. Manzanita responde que él no disparó y entonces el hermano le pide que le dé nombres de los que sí lo hicieron.¿ Me podés tirar un nombre? le pregunta a Manzanita. Y él dice Villa García, Corbacho.
Jorge Corbacho Villa García. era más de la zona oeste del conurbano bonaerense. La Barra de Boca siempre tuvo, sobre todo, en ese núcleo como un río que aportaba como una fluente muy grande a ese mar llamado La Doce.
Corbacho es el referente de un grupo muy grande que incluye varios barrios de las afueras de la ciudad de Buenos Aires. Manzanita lo menciona como uno de los que disparó. Darío también lo identificó en su declaración como alguien que estuvo presente en la emboscada pero añadió que no conocía su nombre, solo el apodo. Corbacho también es apresado en este primer operativo. En el allanamiento en su casa encuentran balas, pero no ven ningún arma. a otro que encuentran en su domicilio, en un barrio muy marginal de Buenos Aires, esa querida Quintero.
Querida
Quintero
si bien no era un hombre que arriaba a mucha gente, sí era una persona bastante violenta y muy cercana al abuelo
En su declaración, Darío no dio muchos detalles sobre Querida, salvo que lo vio disparando hacia el camión 10 o 12 proyectiles. Mientras gritaba, citó, vamos a seguir dándoles que se quedaron, cuando el camión bajó la velocidad. En el expediente de la investigación de la Fiscalía también figura que Querida tenía dos causas anteriores, una de ellas por fraude.
Pude intervenir en el allanamiento cuando fueron Querida, que la mujer te decía, llévenselo y no lo traigan nunca más, por favor, llévenselo ya mismo.
Por supuesto, la policía se lo llevó.
El caso Barras Bravas, por el testimonio de arrepentidos, la justicia ya sabe quiénes dispararon las armas y está sobre la pista concreta.
Entonces, a menos de una semana del doble crimen, la justicia tiene a sus primeros detenidos. Manzanita Santoro, Corobacho Villa García y Querida Quintero. Mi pibe era un pibe limpio, trabajador...
Y que venga un cualquiera y me lo mate así con sangre fría.
Esta es Carmen Cárdenas, la madre de Walter, una de las víctimas. Ya escuchamos una parte de esta entrevista en el segundo episodio. Fue unos días después del superclásico. Bueno, la fecha exacta es el viernes 6 de mayo, el día de las primeras detenciones. Pero Carmen aún no lo sabe. Al final de la entrevista pasa esto. César, vos tenés una buena noticia, me acaban de decir, ¿verdad?
Es una noticia que acaba de producirse. La Policía Federal detuvo a varios integrantes de la Barra Brava de Boca y lo puso a disposición del juez Quiroga. Es una noticia que acaba de salir. Gracias, Miguel.
Porque si no hubiera sido por todos los medios de televisión que me han ayudado... De ninguna forma hubiéramos podido lograr esto. Hubiera quedado en el aerolimato, no hubiera pasado nada, ¿no? Pero nosotros
nos movimos... Sí,
se los va a encontrar
Entonces, recordemos que hasta el momento hay tres detenidos. Manzanita, Corbacho y Querida. De los tres, Manzanita es el de perfil más alto y también uno de los que tiene más pruebas en su contra. Repasemos estas pruebas. Los testimonios de los dos policías que lo vieron en la escena del crimen, las declaraciones de Darío y la grabación de la escucha telefónica de Manzanita. Pero ahora se suma otro testigo que es hincha de Boca. Él declara que pasó por la intersección de Huergo y Brasil justo cuando un grupo de personas disparaba contra un camión mosquito al grito de Dale Boca. Entre esas personas dice haber reconocido a Manzanita.
Y el miércoles 11, cinco días después de ser detenido, la esposa de Manzanita, Claudia, va a la fiscalía a declarar. O sea, brinda
su testimonio, medio como que le reta que él era tan tonto que se había metido en esto. De nuevo
la fiscal Azar
Ella cuenta que después fue a la casa de Manzanita, fue el abuelo, los retó porque se habían ido de control, pero que ella decía que el abuelo había estado y que su marido, bueno, era un tonto que había participado, pero de ninguna manera ella decía que había disparado.
O sea, Claudia declara que después del superclásico, el abuelo y otros barras se reunieron en su casa. Entre esos barras estaban Querida y Corbacho, los otros detenidos como sospechosos por haber disparado. Claudia cuenta que ahí, en su casa, el abuelo se enoja con ellos porque, cito, habían empezado a disparar contra simpatizantes de River Plate. También detalla que Manzanita, su esposo, llegó más tarde y que el abuelo lo reprendió por haber salido a la calle, siendo que él, Manzanita, era muy conocido. Algo de razón tenía el abuelo, si tenemos en cuenta todos los testimonios que identificaron a Manzanita en el lugar. Claudia también cuenta que un rato después, cuando el abuelo se enteró de que hubo dos muertos,
les dijo, cito, hace tres meses que salimos del problema de Mendoza y ahora esto. El problema de Mendoza es la batalla de Desaguadero, que contamos en el tercer episodio, donde se enfrentaron a balazos con la barra de Independiente. Al final de su declaración, Claudia dice que piensa que otro barra le plantó el arma a su esposo entre las banderas. Esto se suma a lo que dijo Darío, que Manzanita no tenía armas. Y al mismo Manzanita, que cuando fue apresado y le preguntaron por el arma, dijo que no sabía de dónde había salido. Pero ese mismo día en el que Claudia va a declarar...
Manzanita Santoro fue herido en la cárcel de Devoto de cinco poazos, como se dice en la jerga de los detenidos, y trasladado a la enfermería del penal de Caseros, donde se reponen las heridas.
El diario Página 12 titula la noticia A Manzanita lo hicieron puré. En el artículo dicen que un grupo de presos trató de sacarle las zapatillas, él se defendió con los puños y terminó recibiendo cinco púas en la pierna. O sea, lo apuñalaron con un elemento punzante. También reportan que cuando le preguntaron qué le pasó, Manzanita dijo que fue una caída en el baño, siguiendo los códigos carcelarios.
Un día después, el jueves 12 de mayo, continúan las noticias.
Dos nuevos detenidos. Uno es el uruguayo Belushi Martínez. Él es alguien que mencionó Manzanita en la escucha telefónica cuando le piden que dé nombres de barras que hayan disparado
El otro es el chino Allende. Darío, el barra arrepentido, lo nombró en su declaración a la fiscalía. Según Darío, el chino tenía una pistola pequeña. Así que, a poco más de 10 días del doble homicidio, la justicia logra capturar a cinco integrantes de la barra de boca. Pero, a pesar de las detenciones, a la investigación todavía le falta encontrar un elemento clave.
En la indagatoria todos los detenidos coincidieron en afirmar que en la emboscada se utilizaron 10 armas que tenían escondidas en un auto, cuyo propietario es el apodado Corbacho.
Las armas del crimen no se encuentran por ninguna parte. Una pausa y volvemos. En su declaración, Darío dijo que el encargado de repartir las armas antes de la emboscada fue Corbacho, uno de los primeros detenidos. También describió que eran varios revólveres y pistolas de distinto calibre. Pero después de 10 días de investigación, solo se encontró una en la casa de Manzanita, la que la esposa dijo que alguien había plantado. Y si bien esa arma tiene características similares en calibre a los disparos que se hicieron en la emboscada, las pericias no lograron identificarla como una de las armas utilizadas. Las armas son un elemento clave en toda investigación, pero Darío no vio si las tiraron o
las escondieron en algún lugar. En otras palabras, no hay ningún indicio de dónde podrían estar. Hasta que
aparecieron un padre y un hijo a declarar en el juzgado que dan exactamente la ubicación donde estaban las armas.
Este padre, que menciona la fiscal Azaro, es el capitán Carlos Barani, que se anima a ir a declarar después de enterarse de que varios de los barras ya están detenidos. Y va con su sobrino, no con su hijo, como dice Azaro. El capitán fue el segundo al mando de Kike el Carnicero, el antecesor del abuelo. Pero cuando el abuelo tomó el poder, el capitán dejó de ir a la tribuna de la barra, según él, porque no compartía ciertas ideas del nuevo grupo. Igualmente mantenía buena relación con la 12 y quedó a cargo de manejar unas canchitas de fútbol cerca de la Bombonera, que también tenían venta de comida y bebida. Y esas canchitas estaban nada más y nada menos que a la vuelta de la intersección de Huergo y Brasil, el lugar del ataque a tiros
que resultó en el asesinato de los dos hinchas de River. En su declaración, el capitán cuenta que el día del superclásico, cerca de las seis de la tarde, estaba realizando tareas de limpieza en las canchitas para cerrar el lugar cuando escuchó los disparos. Dice que al poco tiempo se acercaron Manzanita y Querida. Querida le pidió una cerveza y Manzanita le entregó tres o cuatro armas de fuego diciéndole tenelas, aguantalas hasta mañana. El capitán declara que decidió aceptarlas porque tenía miedo de que lo lastimaran y las escondió hasta el lunes siguiente. Ese día fue más grande el miedo de que alguien las encontrara y lo acusaran de algo o de la reacción de los barras si iba a la policía. Así que decidió ponerlas en una bolsa de
basura verde y se las dio a su sobrino para que las haga desaparecer. Las armas terminaron en el Riachuelo, el río que bordea el barrio de La Boca, cerca de donde ocurrió el tiroteo.
Bueno, ahí se hace toda una distribución de cómo iban a ir los buzos al lugar. Bueno, pues en el Riachuelo era como buscar una aguja en un pajar
Como buscar una aguja en un pajar.
Desde las 10 de la mañana, buzos de la Policía Federal y de la Prefectura Naval tratan de localizar en el lecho del Río de la Plata, en Darcenazur, una bolsa donde, envueltas en una camiseta, están las armas que se utilizaron en el asesinato de los dos hinchas de River.
Había empezado desde la mañana, todo el equipo de buzos, todo, y bueno, nos fuimos turnando en horarios.
Pero el primer día no se encuentra nada.
La búsqueda no arrojó resultados positivos. Por falta de luz, el juez Quiroga decidió suspender el rastrillaje que se continuará mañana a primera hora.
El segundo día, el sábado 14, dos semanas después del superclásico, le toca a la fiscal Azaro estar en el lugar.
Yo me acuerdo que hacía un frío tremendo, o sea, estaban los medios de comunicación, quienes filmaban, todo esto. Bueno, yo me voy a descansar un rato y pónganle, pasó una hora y bueno, me avisan que sí habían aparecido las armas.
Las armas están envueltas en la bolsa de basura verde que describió el capitán. Son cuatro, dos revólveres calibre 22, un revólver calibre 32 y una pistola 9 milímetros.
Coincidían con las armas que había indicado Randy, que habían indicado estas dos personas que le dije, eran exactamente iguales y coincidían en la pericia con las balas que habían impactado en el camión Mosquito, en los heridos y en el muerto. Música
Las pericias balísticas demuestran que la pistola 9mm que se rescató del río fue la que disparó las balas que mataron a Ángel Delgado.
El juez César Quiroga confirmó en conferencia de prensa que hasta el momento suman cinco los barra bravas boquenses que serán juzgados, entre otros crímenes, por el doble homicidio de los simpatizantes de River. A
unas dos semanas del doble homicidio, la justicia ya tiene cinco detenidos y varias pruebas, incluyendo las armas utilizadas en el crimen.
Por otra parte, también admitió el magistrado que las declaraciones de un Barra Brava arrepentido fueron esenciales para el curso de las investigaciones.
Se refiere a Darío. A pesar del secreto de sumario, se filtró a la prensa que su testimonio fue clave para la investigación.
He dictado el procesamiento en prisión preventiva de Ricardo Quintero, alias Querida, José Martín Villa García, alias Corbacho, Miguel Santoro, alias Manzana, Edgardo Allende... alias Chino o Alex, y Mario Inés Javier Belusi Martínez, alias El Uruguayo.
El que habla es el juez Quiroga.
El hecho que se imputa es homicidio doblemente agravado y tentativa de homicidio doblemente calificado y agravado por haber sido cometido con alevosía y con el concurso prometido de más de dos personas.
Si bien es un gran avance, la investigación todavía no está terminada porque todavía hay varios prófugos. Y el más importante de todos, el que va a ser buscado con mayor intensidad, es el jefe de la 12, José Barrita, el abuelo. Van a pasar varias semanas de múltiples teorías, con Interpol y el FBI buscándolo internacionalmente, pero la forma en la que va a caer va a ser mucho más sorprendente. Porque se va a entregar ante un periodista en una transmisión
en vivo que logra la primicia de la década.
Soy Horacio Caride, soy el periodista ante el cual José Barrita, el abuelo, se entregó a la justicia.
Todo esto en el próximo episodio de Superclásico 94. Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Estudios, y forma parte de la red de podcast My Cultura, de iHeartRadio.
Esta serie fue producida por Mariano Pachella, Alejandro Marinelli y Sergio Rena. Los editores fuimos Pablo Arguelles, Daniel Alarcón y yo. La verificación de datos es de Ana Prieto. Mariano hizo el diseño de sonido con música original de Nicolás Pachella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización.
La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Oscar Luna. La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal. Carolina Guerrero es la CEO de Radioambulante Estudios. En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gómez. Radioambulante Estudios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg Pro. Puedes seguirnos en redes sociales como Central Series RA y suscribirte a nuestro boletín de correo en centralpodcast.audio. Soy Silvia Viñas, gracias por escucharnos.