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Shownotes
¿Dónde está el Abuelo? A los dos meses del doble homicidio, esa es la pregunta que investigadores, hinchas y periodistas siguen haciéndose. Hasta que un día, en un bar cerca de Tribunales, un hombre apodado “El Tuerto” se acerca al joven reportero Horacio Caride. Y está a punto de darle la primicia de su vida.
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Bueno, tenés que estar en tal lugar, te vamos a
recoger con un auto, como si fuera un operativo comando clandestino. Son las 8 de la mañana del miércoles 29 de junio de 1994. Han pasado 60 días desde el superclásico Entre River y Boca. 60 días desde el asesinato de dos hinchas de River. Horacio Caride, a quien acaban de escuchar, tiene 27 años y es periodista de Radio Mitre, una de las radios más escuchadas de Argentina. Hace un rato que está esperando en el lugar que le indicaron, una esquina frente al edificio de los tribunales. Luego de unos minutos llega un auto oscuro de esos grandes con vidrios polarizados.
Cuando me subo al auto me pidieron de buena manera que me iban a poner un pañuelo vendado en los ojos.
Karide está sentado en medio de dos hombres grandotes, que además lo obligan a bajar la cabeza. No dice nada, piensa que es para que no sepa hacia dónde van. Tampoco ve que tenga muchas opciones. En ese momento no sentí ningún miedo ni
temor porque me preguntaba cuál sería el objetivo de hacerme algún daño.
Carida intenta adivinar el recorrido. El auto va rápido y por la distancia que recorren sin detenerse y los sonidos de afuera, cree que van por una autopista. Después de varios minutos, el auto baja la velocidad y se detiene. Nadie dice nada. Uno de los hombres que va con él en el asiento de atrás lo hace bajar y le quita la venda. Llegamos a un
lugar que yo interpreto que era un barrio muy humilde o una villa de emergencia o algo parecido.
Una villa de emergencia, o sea, un asentamiento, como una favela en Brasil. La calle es de tierra y está enfrente a una casita precaria. El hombre que lo acompaña lo toma de un brazo, va con él hasta la puerta y le indica que entre. Caride hace caso y adentro... Estaba el personaje que todo el
mundo estaba buscando.
El jefe de la barra de boca, José Barrita, el abuelo. Desde Central Series y Radio Emulante Estudios, soy Silvia Viñas y esto es Superclásico 94. Episodio 6. Mi nombre es José Barrita.
Bueno, la década del 90, una década de inicio de mi carrera periodística y de gran explosión de todos los medios, ¿no?
En junio del 94, Horacio Caride es un periodista de esos a los que les gusta salir a la calle a encontrar las historias. Se siente cómodo afuera de la oficina. Conversa con todo el mundo y casi siempre regresa con algún dato que los demás no tienen. Y en ese momento ya trabaja para Radio Mitre.
Era muy importante para la radio generar primicias, impacto. Hacíamos seguimiento de algunos periodistas de algunos temas para encontrar el plus informativo.
Un día puede ser un crimen, otro un accidente, una infidelidad entre famosos, el estado de salud de una estrella de fútbol. O, como en este caso, una búsqueda casi imposible.
El testimonio que se quería lograr era José Barrita, pero nadie sabía dónde estaba, se había profugado. Nosotros en la radio teníamos que encontrar ese hilo conductor que nos llevara a José Barrita.
Mariano Pallela nos sigue contando.
El jefe de Caride le pide que dedique todo su tiempo a la búsqueda del líder de la barra de boca. Recorre la calle, los tribunales y deja su tarjeta para que le avisen si aparece algún dato. Y si una fuente le da un nombre y un teléfono, él llama, recibe información y la chequea. Pero las pistas que recibe son...
no lo llevan a ninguna parte. La policía y la justicia tampoco tienen mejor información. Hace casi dos meses que lo están buscando en Argentina. Y al no tener respuestas, surgen otras versiones.
Se decía que estaba fuera del país, transcurría el Mundial de los Estados Unidos. Ya se hablaba de que los barras de las hinchadas de fútbol, Boca principalmente, River, iban a ir a alentar a la selección
nacional liderada por Diego Armando Maradona. El 17 de junio del 94 va a comenzar la Copa del Mundo de Estados Unidos. Recordemos que el abuelo había formado parte de las barras de los dos mundiales anteriores, el de México 86 y el de Italia 90. Por eso las autoridades argentinas creen que podría aparecer allá y realizan gestiones con Interpol y el FBI. Incluso el presidente de Argentina, Carlos Menem, asegura a la prensa que Barrita está en Boston, donde va a jugar la selección argentina, y que va a ser apresado ahí. Con todos estos rumores dando vueltas, Caride sigue con su investigación.
Hasta que un día, en un bar en la esquina de tribunales que ya está cerrado, se me cruzó un personaje que se presentaba como alguien ligado a la barra brava de Boca.
Se llama Emir y lo apodan El Tuerto. Emir El Tuerto Ciani. Un personaje bastante opaco.
Me dijo que trabajaba con una serie de abogados del caso y se definió como una especie de sacapresos. Que tenía algunos conocimientos de la abogacía pero que no era abogado. Y que era amigo de José Barrita.
Caride consulta con colegas periodistas que cubren la información de Boca y confirma que, efectivamente, el tuerto tiene contactos con la barra. Entonces, le presta más atención.
Y en esas conversaciones, sabiendo que yo era de Radio Mitre, me empezó a escribir una historia, que yo no le creí en su momento, que José Barrita en realidad en algún momento se iba a entregar y que no era cierto que estaba prófugo como lo estaba buscando hasta entonces. el departamento de Estado o el FBI de Estados Unidos.
Como dijimos antes, había muchos rumores de que el abuelo estaba en Estados Unidos por el Mundial. Entonces, durante los dos primeros partidos de Argentina, en Boston, varios agentes del FBI se mezclaron en la tribuna del estadio Foxborough para ver si aparecía. Pero no hubo resultados. Al principio Caride tiene dudas sobre lo que le cuenta el tuerto, pero cuanto más hablan, más convincente le empieza a parecer su relato.
Primero el que llama para conversar es el tuerto, pero pronto es al revés. Caride no quiere perder el contacto ni que el tuerto se vaya con la información a otro medio.
Me conecté con mi jefe inmediato y le dije podemos tener algo, déjamelo seguir trabajando, por eso la continuidad de todos los días, insistir, y seguir tomando café con él para conocer su historia, era de una prioridad absoluta.
Cuando Caride dice que puede tener algo, en la radio se entusiasman y le dicen que siga insistiendo. Cuando se junta con el tuerto en un bar, vuelve a la radio y reporta avances. Le piden adelantos y él pide más tiempo. Justo cuando la ansiedad de sus jefes ya se le hace muy difícil de manejar, el tuerto lo llama de urgencia. Lo quiere ver cara a cara.
me dijo, bueno, te voy a dar la primicia de tu vida.
No le cuenta nada más. Se citan en el bar de siempre y cuando llega Caride, el tuerto ya lo está esperando.
Le dije,¿ cuál va a ser la primicia de vida? Bueno, no te cagas de espaldas, pero José Barrita no está donde dicen todos que va a estar. No está en el Mundial. Lo tenemos escondido en alguna parte de aquí, de la provincia de Buenos Aires.
Caride no sabe si creerle. le dice que necesita algo más firme.
Queremos escuchar su relato, su verdad y donde esté, yo quiero estar. Bueno, estate atento que el día de mañana puede ser.
Avisa a sus jefes. Al día siguiente, en la oficina de la radio están todos pendientes de la llamada del tuerto. Pero pasan las horas y nada. Hasta que finalmente suena el teléfono.
Me dice, bueno, tenés que estar en tal lugar, te vamos a recoger con un auto y
Al otro día, como contamos al inicio del episodio, Caride se sube a un auto con los ojos vendados. Viaja con tres hombres. Entre ellos está el Duerto. Llegan hasta una casa humilde en Lomas de Zamora, un barrio al sur de la provincia de Buenos Aires. Se baja del auto y entra a la casa.
Cuando entro, veo a un hombre más flaco tomando mate y comiendo facturas. Él estaba de espaldas y viendo en un televisor el programa... más visto en ese momento en la televisión en línea informativa, que era Mauro Viale. La competencia directa nuestra, nosotros no competíamos con los de radio. Para mi sorpresa, yo estaba viendo como Mauro Viale en televisión decía que iba a tener a José Barrita y el que lo tenía frente a él era yo
Hacemos una pausa y ya volvemos. Caride está en la sala de una casita precaria con el abuelo, pero todavía nadie le habla. Nota que el líder de la barra de boca sonríe por lo que acaban de decir en la tele sobre la supuesta primicia
bueno me lo presentan la situación en cual lo encontré fue de una cotidianeidad pasmosa en el sentido de que no parecía un hombre preocupado por todo lo que se estaba diciendo de él y de las características de la acusación
Los delitos por los que se lo busca son doble homicidio calificado por alevosía, lesiones por armas de fuego y también por asociación ilícita y extorsión reiterada. Caride y el abuelo se sientan, Caride lleva un celular rectangular enorme, su idea es llamar a la radio, presentarse y pasarle la palabra al conductor del programa, Néstor Ibarra, para que él haga la entrevista con el abuelo. Ibarra es un periodista con más trayectoria y experiencia. Pero cuando se prepara para hacerlo, pasa algo que no estaba en los planes.
En ese momento, con su voz ronca y muy rigurosa y escasa de palabras, se negó contundentemente. Dice, no, pibe, esta nota es con vos y con nadie más.
Está por salir al aire y Caride tiene que explicar por teléfono a uno de sus jefes que la entrevista no va a salir en vivo. Que el abuelo quiere que la haga él, no Ibarra, el conductor, que es la figura principal del programa. Son unos segundos en los que Caride transpira, la entrevista corre riesgo. Pero finalmente su jefe le dice...
Bueno, grabala, no la perdamos. Yo lo voy a convencer a Néstor Ibarra que la nota va con estas condiciones.
Caride abre su bolso, saca un grabador y en ese momento el tuerto se le acerca.
Me dice, mirá que esto tiene que durar pocos minutos porque después nos entregamos.
Caride asiente, mira fijo al abuelo y aprieta el botón de grabar.
Buenos días, estamos...¿ Me acuerda usted?¿ Cuál es su nombre? José Garrita. José Garrita.¿ Ahí es? El abuelo.
Esto que estamos escuchando es el audio de la transmisión. Caride la tenía grabada en un cassette que pensó que lo había perdido. Cuando hablamos con él, lo buscó y lo encontró. A pesar de que la grabación es vieja, se escucha la voz de un joven Caride y el tono gastado del abuelo.
Sabe que me parece increíble estar junto a usted porque las informaciones decían desde el gobierno, la Interpol y no sé cuántas cosas más de que usted estaba cómodamente como hincha más viendo el Mundial en Estados Unidos? Nunca fui del país. Lo que pasa es que yo al ver esto que está saliendo y todas estas barbaridades me duele, me duele porque hay familia, porque hay dos chicos que fallecieron y la verdad que en esta nota le mando mis condolencias a los familiares de los chicos y yo voy a probar mi inocencia y voy a probar donde estaban los casos de los hechos que no tuve participación en nada
pasamos por la causa por las acusaciones que empezaban del doble homicidio por si él había sido el autor intelectual de este doble crimen
cuéntame el antes y el después del partido antes del partido fue toda una fiesta Nunca me creía que iba a terminar con esta barbarie. En ningún momento. Y después está la prueba que nosotros nos quedamos hasta el final en la tribuna después de media hora.¿ Hasta que no se quedó en la tribuna algunos de los cuales están detenidos?¿ Se cortaron solos?¿ Ponían en duda su liderazgo como jefe de la Barra Brava? No, no. Lo que pasa es que como todo, de repente por ahí hay cosas que se le escapan hasta al presidente.¿ Cómo no se me pueden escapar a mí, no?
No sé si lo escucharon bien, pero el abuelo dice que se le pueden escapar cosas. También habla con Caride sobre el rol de la hinchada alentando al equipo y su relación con Maradona, con quien compartió asados, pero dice que no lo está mirando en el Mundial porque está amargado por todo lo que está pasando. En todo momento, el abuelo insiste con su inocencia.
Armas me dijo que no utilizo nombre. Yo ni sé cómo se usa, ni sé cómo se usa.¿ Pero en alguna pelea entre chavos han participado? No, no porque te explico. Nosotros hace mucho, como cinco o seis años, Nosotros venimos buscando una línea de conducta para que todas las partidas que juegue Buca sea una fiesta.¿ El fanatismo puede llegar al límite, José, de que alguien agarre un arma y mate como a todos esos hinchas de río? No, esto es un acto criminal que yo no lo voy a avalar en ningún momento. Tiene que justificar porque lamentablemente cuando el ser humano paga con la vida, se termina el deporte.
El abuelo dice que él se enteró del doble homicidio por la radio, cuando estaba en la casa de Manzanita Santoro. Que, recordemos, era su mano derecha y su casa era la base de operaciones, de la barra. Manzanita, como escuchamos en el episodio anterior, fue uno de los primeros en ser detenidos.
Qué opina de Manzanita?¿ Cómo está detenido? Es un buen muchacho.¿ Usted pensó por un momento que ya estaba condenado del vamos por ser José Barrita? Exacto. Hay mucha injusticia. Cualquier cosa que pasara en el país, la culpa la tiene el abuelo. Y entonces pensé un montón de cosas, presentarme, gritar a los cuatro vientos que yo no tengo nada que ver y que son todas mentiras, que son todas injugias lo que se habla.
Y después, Caride le pregunta sobre el arrepentido. O sea, Darío Veseliza Randi, el barra de boca que aportó uno de los testimonios claves para la investigación y a quien escuchamos en el episodio anterior.
Después me va a hablar del arrepentido ese que dice saber todo.¿ Usted lo conoce? No, no lo conozco. La verdad que es una novedad para mí. Y ya estamos concluyendo la nota. Las últimas preguntas, usted, si tiene la suerte de que se compruebe lo que dice usted que sería una ascencia,¿ volverá a una casa de fútbol?¿ Volverá a la bombonera?¿ Volverá a ser el jefe de la barra oral? Mira, en este momento no te lo puedo contestar, ¿viste?
Porque me pasan un montón de cosas por la cabeza. No sé, dice yo. Dios diga lo que va a pasar. Dios diga lo que va a pasar. Claro. No, de nada.
Y en el momento que termina la entrevista y con su mate y comiendo las últimas medialunas la frase final fue bueno, ahora me voy a entregar a la justicia. Hacemos una última pausa
y volvemos. Es el miércoles 29 de junio de 1994. Pasaron 60 días desde el Superclásico y acaba de finalizar la entrevista radial donde el abuelo anunció que se va a entregar a la justicia. Mientras Caride, el periodista que lo entrevistó, guarda sus cosas, el abuelo se pone una campera. Los dos salen por la puerta y se suben a un auto. El organizador del encuentro, el tuerto, también los acompaña junto con uno de los hombres grandotes del viaje de ida. Van a los tribunales de Lomas de Zamora, no muy lejos de ahí.
Cuando llegamos yo me sentí también una especie de buscado preso más porque bajamos del auto y era una maraña de periodistas atosigando con preguntas, todas las que querían hacer en ese momento que no pudieron.
Es probable que alguien de adentro del juzgado haya avisado a los medios que Barrita iba en camino. Así que cuando llegaron, todos estaban con las cámaras encendidas. En la puerta del juzgado, el abuelo se adelantó un par de pasos, se dio vuelta y levantó la cabeza saludando a Caride. Caride levantó el brazo y el abuelo giró hacia la puerta.
Dos policías se le acercaron y lo llevaron hasta el interior del juzgado. A partir de ahí no tomé nunca
más contacto con José Barrito.
Yo nunca fui un juez encarcelador. Trataba de buscar lo que para mí es el derecho, que es un proyecto de armonía social.
Este es Daniel Yermanos. Ahora es abogado, pero en la década del 90 era juez en los tribunales de Lomas de Zamora, donde se entregó el abuelo. Yermanos cuenta que 48 horas antes de la entrevista de Caride, lo contactó alguien de la barra de otro club.
Un hincha de Banfield, llamado La Vieja, el apodo, jefe de la barra, Me llamó un día por teléfono, el teléfono del juzgado me dijo, doctor, lo tenemos acá, está acá, tenemos miedo que lo maten. Y es verdad, había rumores de que lo querían matar a José Barrita.
A Germanos no le es ajena la violencia en el fútbol. Lo más desamora es una ciudad de la provincia de Buenos Aires donde hay muchos clubes.
En las canchas ya había habido innumerables conflictos, inclusive con muertos. Era una época muy violenta, muy violenta. De una violencia que quizá no estaba en todos los diarios.
Al trabajar en ese contexto, conocía muy bien a las barras bravas. De hecho, un año antes, en 1993, cuenta que el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Dualde, le había pedido que se juntara con el abuelo para tratar de bajar esos niveles de violencia. Así que Germanos lo invitó a una reunión. Esa primera reunión fue graciosa, porque José Barrita
vino con 12 personas, con 12 culatas a la reunión,
En Argentina, culata se le dice a los guardaespaldas.
Y como éramos tantos y mi oficina mía era de dos metros, invité a comer en un restaurante de la Avenida Pavón, en Loma de Zamora. La gente, cuando entramos, entre yo con los 12 o 13 barras de boca, huyó del restaurante. Yo no me daba cuenta, pero se ve que el aspecto de ellos influía miedo.
En el restaurante, Hermanos le explicó a Barrita que el gobernador quería que se terminara la violencia, que la idea no era penalizar, sino buscar una armonía social.
Barrita dijo, no, doctor, somos así, nuestro negocio es así. Lo dijo clarito, no sé negocio en qué sentido, si futbolero, económico, no lo sé. Era un conflicto inevitablemente necesario.
Tal vez por este encuentro previo, o porque Germanos tenía experiencia con las barras, es que el jefe de la barra de Banfield, la vieja, se contacta con él para pedirle ayuda por José Barrita, el abuelo.
Me pregunta si Barrita se puede entregar en mi juzgado. Yo digo, pero yo no soy el juez competente. El juez competente es el juez de capital.
O sea, el juez Quiroga, que conocimos en el episodio anterior. Es el juez que lidera la investigación.
No, no, no. La idea es ir, pero que usted nos acompañe. Queremos tener protección. Realmente tenían miedo de que en el traslado alguno, por venganza de algún otro hecho, atentara contra su vida. Él lo que buscaba era seguridad en el traslado.
Así es que ese 29 de junio a la mañana, el abuelo se entrega en el juzgado de Germanos, a quien le habían avisado una hora antes. Es un abuelo muy diferente al que se había encontrado en esa reunión el año anterior. Ya no había culatas acompañándolo. Ahora José Barrita camina hacia él acompañado de policías.
Se ve que había habido alguna filtración periodística porque prácticamente en el mismo momento que él llega, llega una legión de fotógrafos que yo nunca había visto al menos en Lomas de Zamora. Parecía una invasión. Rápidamente entra a mi despacho José Barrita Yo ordeno que entre solo. Él cuando me mira me da un abrazo.
Barrita le pide que le permita ver a su mujer antes de entregarse. Yermanos le da un teléfono, la llama y al rato la mujer aparece por la puerta.
Se sienta en mi despacho, yo mando comprar una pizza porque tenían todos cara de hambre.
Y mientras están comiendo, suena el teléfono. Es el juez Quiroga, muy enojado, preguntándole a Yermanos qué hace Barrita en su juzgado.
Mire, doctor, está detenido. Está detenido porque yo sé que usted... Pero yo no tengo detenido. Y está a su disposición. Cuando usted me diga... Ya mismo no. Estamos comiendo pizza, le dije. Terminamos esto y salimos para allá.
Cuando termina de comer, José Barrita sale de Lomas de Zamora rumbo al juzgado del juez Quiroga.
De ese día, lo único que recuerdo con más fuerza son... los gestos de emoción de él y sus ojos parecían, no desencajados, pero sí reflejaban una enorme tristeza. No era el final que él imaginaba para sí mismo, seguramente porque sentía que era el comienzo de la pérdida definitiva de su libertad. Yo
me acuerdo que la aparición de Barrita fue como la cereza del postre para la causa.
Hace casi dos meses que la fiscal Azaro está investigando el crimen. Ya hay varios detenidos de la barra de boca, testigos que los ubican en la escena del crimen y hasta encontraron las armas. Pero falta el jefe, el abuelo. Hasta que ese miércoles 29 de junio, a la mañana,
nos enteramos por programas televisivos que él se había presentado en lo del juez Germanos. Y cuando nos enteramos de eso, bueno, ahí sí se activó todo el protocolo para que venga a declarar. Y
así como las cámaras capturan su imagen al salir del juzgado de Lomas de Zamora, más tarde, ese mismo día, lo registran entrando al Palacio de Tribunales, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Lleva un pullover gris a cuadros y una campera de cuero marrón.
Y creo que él se presenta pensando que él salía. Se presenta convencido que no se le iba a imputar absolutamente nada.
Al día siguiente, el jueves 30 de junio del 94, las tapas de la mayoría de los diarios de Argentina tienen dos noticias históricas relacionadas al fútbol argentino. Una, la principal... es el resultado positivo de un test antidoping de Diego Maradona en el Mundial de Estados Unidos. Es un momento clave que marca el fin de su presencia en la selección argentina y donde pronuncia una de sus frases icónicas, me cortaron las piernas. Acompañando esa noticia, con menos jerarquía pero con la importancia suficiente para hacer nota de tapa, aparece la entrega del abuelo a la justicia. Sí, las dos cosas sucedieron el mismo día.
Tuve la oportunidad de quedarme con él cinco o seis minutos y como que él era así como un encantador de serpientes. Pensaba,¿ de qué cuadro es? Ah, no, pero puede ser de ese cuadro, tiene que ser de Boca. Él con la camiseta siempre puesta y, bueno, con los ojos celestes que eran penetrantes. O sea, infundía una situación como de miedo.
Ese jueves 30, a las 10.45, en la fiscalía le toman la declaración indagatoria al abuelo.
Entonces, bueno, se le preguntaba, se le interrogaba. Él niega, bajo todo concepto, haber dejado a estas personas hacer lo que hicieron. Es decir,
poco a poco, el abuelo empieza a desligarse de los hechos. Y para reafirmar la idea, dice una frase con bastante metáfora. Dijo
que él estaba en la cancha y todos empezaron a ir, que estos pibes estaban pasados de vuelta y se les escaparon. Fue una frase esa icónica, como las palomitas de la Plaza de Mayo.
El abuelo declara por más de tres horas. Lo que cuenta en esa declaración se va a mantener en secreto por un largo tiempo. Recién durante el juicio van a salir a la luz esos detalles y van a marcar el fin de su reinado como jefe de la 12. Después de la caída del abuelo, todavía quedaban otros tres barras prófugos. Uno de ellos tardó casi dos años en ser atrapado, y recién ahí la fiscalía decidió que era momento de pedir la elevación a juicio. Durante este tiempo, el abuelo y el resto de los barras estuvieron en prisión.
Por eso, la fecha en la que va a comenzar el juicio, uno de los más importantes de la década, es el 14 de marzo de 1997, casi tres años después del superclásico.
La sala estaba llena. Había muchos medios periodísticos que hacían las notas afuera, pero después ingresaban a la sala
Toda la cúpula de la 12 va a estar en el banquillo de los acusados. De
repente ver a esos tipos tan cerca fue chocante.
Y todos van a escuchar la declaración del abuelo sobre lo que ocurrió el 30 de abril del 94.
Ahí se rompe el pacto de silencio que hasta ahí había entre el resto de la barra y se empiezan a acusar entre ellos en el juicio.
Todo esto en el próximo episodio de Superclásico 94. Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcast My Cultura de iHeartRadio.
Esta serie fue producida por Mariano Pachella, Alejandro Marinelli y Sergio Rena. Un agradecimiento a Horacio Caride por compartir la grabación de la entrevista con el abuelo. Los editores fuimos Pablo Arguelles, Daniel Alarcón y yo. La verificación de datos es de Ana Prieto. Mariano hizo el diseño de sonido con música original de Nicolás Pachella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización. La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo.
La producción digital la hizo Andrés Centeno con Óscar Luna. La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal. Carolina Guerrero es la CEO de Radioambulante Estudios. En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gómez. Radioambulante Estudios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg Pro, Puedes seguirnos en redes sociales como Central Series RA y suscribirte a nuestro boletín de correo en centralpodcast.audio. Soy Cilia Viñas, gracias por escucharnos.