Central· Staffel 5· Folge 8

Superclásico 94 | 8. No saben lo que hicieron

Donnerstag, 29. Oktober 2026 · 39 min

MP3

Shownotes

Darío Vesselizza Randi entra al tribunal y avanza hacia la mesa de los testigos. Es marzo de 1997. Frente a las víctimas, los barras –su segunda familia– y el Abuelo, casi un padre para él. Darío relata por fin todo lo que vivió aquel día fatal del superclásico.

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Entre lo que fue mis primeras declaraciones ante el juez y el juicio, me puedo volver a preguntar 20 veces cuánto tiempo pasó que no me acuerdo.

Este es Darío Veseliza Randi, el barra de boca arrepentido y uno de los testigos más importantes en el juicio contra sus compañeros de la 12. En los episodios 4 y 5 escuchamos su historia. Recordemos, para Darío la barra de boca se volvió como una casa en su juventud. Dice que compartió más cosas con ellos y con el abuelo que con su propia familia. Pero después del superclásico del 94 y lo que vio, decidió declarar ante la fiscalía.

Y lo llevaron a la división de homicidios en la comisaría central, donde se sintió intimidado por unos oficiales que le mostraron fotos para identificar a los barras.

convencido que hasta me tenía que borrar de la policía por la actitud que habían tenido en esas instancias están todos adentro todos cayeron por culpa mía policías conocidos por ellos me están apurando de apurarme a lastimarme a desaparecer un pasito chiquitito no quiero ver policía

No era un miedo irracional ni paranoia. El abuelo, el jefe de la 12, se reunía con comisarios de la policía para coordinar operativos de seguridad en las canchas. Esa relación entre la barra y policías para Darío no era novedad. Así que después de dar su declaración en la fiscalía en el 94, Darío empieza a vivir como un fantasma errante. Hoteles, hoteluchos por acá, por allá, por todos

lados. cambiando de domicilio cada dos o tres meses. Automáticamente trataba de evitar los lugares que yo suponía que me podía cruzar con gente a fina de la barra esos días. Pasan 1995, 1996, llega marzo del 97 y comienza el juicio.

No encuentran al testigo clave, Daniel Vasilisa Randi. La estrategia de la defensa fue pedir la nulidad del testimonio del arrepentido.

Como contamos en el episodio anterior, la fiscalía no ha podido encontrar a Darío para notificarle que tiene que presentarse como testigo. Pero desde la primera audiencia, la información ya está en los medios.

Pero el tribunal resolvió considerarlo el 26, el día en que está citado a declarar.

Es así, por las noticias, como Darío se entera de que el 26 de marzo, 12 días después del inicio del juicio, es la fecha en que tiene que ir a declarar. La expectativa por su declaración es enorme. Una semana antes, el diario Lee publica una entrevista a Darío donde él dice que no sabe si presentarse porque le tiene más miedo a la policía que a los barras.

Y entonces, unos días antes de que le toque testificar... Yo

me estoy retirando de mi hotel y en la recepción, en la conserjería, que es mucho lujo decir la conserjería en un mostrador roñoso, con el libro de registros, había dos policías con la dueña, con la encargada. Dos policías y yo ya me había cruzado en un homicidio.

O sea, cuando fue a la comisaría en el 94 a ver las fotos de los barras después del superclásico. Son los mismos policías. Ahora están de civil y Darío ve que revisan el libro con el registro de los huéspedes del hotel.

Acerco a ellos... Y de frente a ellos, a la encargada le pregunto, María se llamaba, creo. María,¿ todo bien?¿ Todo en orden? Sí, Darío. Listo, cualquier problemita me avisen, me voy. A los cinco minutos se fueron ellos a la mierda.

Ese mismo día, Darío agarra sus cosas y se va del hotel. Y así llega el viernes 26 de marzo del 97, el día en que debería ir a declarar.

El día de la audiencia, si la audiencia comenzaba a las 9 de la mañana, 7 y media de la mañana me levanto yo, compro cigarrillo.

Y llama a la fiscalía, donde había dado su testimonio en el 94. Desde ahí lo conectan con el tribunal. Sin bajar la guardia, él les da una dirección que no es donde se estaba quedando para que lo pasen a buscar. Y entonces un auto lo recoge y lo lleva hasta la comisaría central, donde le informan que personal de la división homicidios lo va a llevar al tribunal.

La misma división de la policía donde lo habían intimidado tres años antes. Darío dice que no quiere ir con ellos y pide hablar con la jueza. El comisario la llama y le pasan el teléfono.

Darío le dice que no confía en estos oficiales. Y no solo eso, no quiere cruzarse con nadie de esa comisaría en el tribunal. Finalmente, la jueza le dice que le va a enviar un auto a buscarlo con personal del juzgado. Los dos milicos se quedaron parados como semáforo y directamente a tribunales. Una de las integrantes del tribunal me explica lo que iba a pasar. Se va a desarrollar un juicio, es testigo, punto.

Darío llega a tribunales, entra a la sala y avanza hacia la mesa de los testigos donde se sienta frente al micrófono. Después de casi tres años, a la vista de todo el tribunal, las víctimas, los Barra, su segunda familia y el abuelo, casi un padre para él, Darío comienza a relatar todos los detalles de lo que vivió este 30 de abril de 1994. Desde Central Series y Radioambulante Estudios, soy Silvia Viñas y esto es Superclásico 94.

Episodio 8 no saben lo que hicieron. Como mencionamos en el episodio anterior, no hay audio de las audiencias, pero tenemos el expediente. Así que sabemos que en el juicio le leen a Darío las declaraciones que dio en 1994 y que luego responde las preguntas que le hacen las juezas y todos los abogados durante horas. Y claro, tenemos lo que le contó a nuestros productores. Así que con todo eso, vamos a reconstruir el relato de lo que él vivió ese 30 de abril de 1994. Comencemos recordando las cosas fuera de lo común de ese día, que Darío nos contó en un episodio anterior.

Siempre era previo de un clásico más de local. Sabías que la barra se juntaba en un lugar, íbamos todos juntos, salimos todos juntos, nos concentramos todos juntos.

La Barra siempre tenía una rutina muy marcada. Arrancaban temprano en la casa de Manzanita, la base de operaciones, y de ahí salían todos juntos para la cancha. Pero ese día la rutina se rompió.

Hay que ir para la cancha, pero vayan todos separados. Eso ya era algo que rompía de lo normal. Capaz que ya tenían algún informe de algo, que podía pasar algo, que estaban buscando algo.

Entonces, Darío viajó a la cancha en un camión con otros barras que habían quedado varados. En el medio del viaje, la policía los paró en la autopista, los hizo bajar y revisaron el camión. Luego de unos minutos, los dejaron continuar su viaje. Y al llegar al estadio, los barras que habían salido antes, el abuelo incluido, no estaban esperándolos.

Se

estaban entrando. Una de las primeras veces que yo entro al estadio, despegado de ellos.

Sigue la historia Mariano Pagela

A pesar de todas estas cosas fuera de lo normal, Darío entró al estadio como siempre. Cuando comenzó el partido, a las tres y media de la tarde, la barra ya estaba ubicada en su lugar en la tribuna.

Hasta el primer tiempo el partido relativamente transcurría normal. Yo

atrás de José. Recordemos que Darío era uno de los encargados de sostener a José Barrita, el abuelo, cuando se subía al parabalanchas principal de la bombonera para dirigir a la hinchada. Cuando el árbitro marcó el final del primer tiempo, el partido estaba cero a cero. Durante el entretiempo era normal que los vendedores de comida y bebida del estadio le llevaran cosas a la barra sin que estos tuvieran que pedirlo. El de Coca-Cola te

traía cuatro bandejas de Coca-Cola, el que vendía hamburguesas te traía cuatro cajas llenas de sándwiches de hamburguesas, se repartían, se hablaba.

Hasta ese momento todo seguía normal. Pero entonces, en el segundo tiempo...

Esperá que River sigue buscando el segundo con Torezani... ¡Palo!

River pasó a ganar 2 a 0 y en la tribuna de Boca los ánimos empezaron a cambiar.

Se empezó de a poquitito a escuchar. Vamos a buscarlo, vamos a buscarlo, hay que ir a

buscarlo. Darío declaró que un grupo de la barra de Boca quería ir a la tribuna de River en el medio del partido con cuchillos o púas a enfrentarse a los líderes de la barra contraria. El abuelo logró calmarlos diciéndoles que a la salida algo se va a

hacer. Señoras y señores, el superclásico del fútbol argentino fue para River Plate.

Al terminar el partido, varios barras se acercaron inmediatamente al abuelo.

Nipponi era uno de los barras más violentos de la 12 y era cercano al abuelo.

Su nombre es Freddy Cáceres Romero, pero era conocido en la barra como Bolita Niponi porque tenía un tatuaje con esa palabra, Niponi. Nadie sabe qué significa. En su declaración, Darío lo describió como, cito, un mercenario, un ejecutor de las órdenes más aberrantes, que se jacta de encontrarse dispuesto a todo. Así que Niponi y su grupo querían ir a la intersección de Huergo y Brasil.

Supuestamente, y lo que se esperaba, el único camino que iba a tener la gente de River era salir por Huergo para donde fuese.

Es que esa intersección es uno de los principales puntos de salida del barrio de La Boca, así que tiene sentido ir a esperarlos ahí. Pero también había otro plan, encabezado por Francis de Mayo, un ex policía, líder de uno de los grupos de barras que apoyó al abuelo cuando tomó el poder en 1981.

Francis, con un grupo, quería ir a Caminito. Sabías que los visitantes morían en ese sector de Caminito. Ahí dejaban los autos, dejaban los micros y todo

Caminito es una de las partes más históricas de La Boca, donde están las clásicas casas de colores y donde está la salida visitante, por donde se van los hinchas de River. Francis propuso ir a buscarlos ahí. Pero el abuelo les dijo a todos que no, porque...

Ese día había policías por todos lados. Policía por todos lados. Debe haber sido de los superclásicos del local que yo conozco el día que vi más movimiento de policía.

No sean tontos, dijo el abuelo. Es mucha la policía y es como ir al muere. O sea, era una jugada muy arriesgada. Pero Niponi y también Manzanita, el segundo al mando del abuelo, no le hicieron caso.

Vos ves que se empiezan, mismo en la tribuna, a desprender grupos dentro de la barra. Y sale un grupo de aproximadamente 20 chicos. Yo no era normal que me mueva

con ellos, pero me fui para ver qué pasaba, qué hacía. Dentro de ese grupo estaban Niponi, Manzanita, Francis y otros barras que conocimos en episodios anteriores, como Gomina y Corbacho. Darío declaró que el grupo salió de la cancha y fue hacia un terreno que estaba cerca de la bombonera, donde la barra solía estacionar sus autos. Había varios

autos estacionados, pero nos dirigimos todos hacia el coche de Corbacho.

Que era un Ford Falcon, un auto grande. Corbacho abrió el maletero, corrió a una caja. Y estaban todos los fierros uno al lado del otro.

Casi una decena de armas, según Darío. Llamaba particularmente la atención que a espaldas al auto, a unos 10 metros aproximadamente, había un puesto enorme. de la Policía Federal

Salían y entraban policías todo el tiempo. Recién terminaba el partido y los hinchas estaban dejando el estadio. Eran cerca de las seis de la tarde en abril, así que todavía era de día. Sin embargo, ningún policía reparó en lo que estaba sucediendo en ese momento en el auto de Corbacho. Y si alguno llegó a ver algo, no dijo nada. Se

van acercando. Los que por costumbres tenían agarrar cierto a fierro, por ejemplo,¿ sabías qué? Había una pistola 9 milímetros que era de querida. Corbachito agarra un 38. Corbachito es el nombre del hermanito más chico de Corbacho.

Darío calcula que en esa época Corbachito tenía 10, 11 años. Era un nene.

Entonces, como así nada, cada uno se terminan de cargar, si yo te tengo que decir algo, ocho fierros para mí eran. Cierra con llave, se guarda la llave y ahí, ahí se queda un grupito y se empieza a armar otro como va a irse desplazando.

Un grupo de barras, furiosos por la derrota de su equipo, salen armados a las calles de La Boca en busca de hinchas de Rivas. Vamos a una pausa y volvemos. Ok, antes de seguir con el relato de Darío, repasemos lo que sabemos hasta ahora. Unos minutos después del final del Superclásico, un grupo de alrededor de 20 barras de la 12 decidió ir a atacar a los hinchas de River, por más que el abuelo, su líder, les dijera que no.

Había dos planes. Uno, impulsado por Nipponi, uno de los barras más violentos, era ir hacia la intersección de Huérgo y Brasil, porque es la salida principal del barrio de La Boca, y seguro muchos hinchas de River iban a pasar por ahí. El otro plan de Francis, el expolicía, era ir a la zona de Caminito, donde está la salida visitante. Capaz

que Francis, en esa idea primaria de ir para Caminito, era ir directamente para donde estaban las cosas. Las

cosas son las banderas del agente de River, el botín de guerra más preciado para una barra. Finalmente, este plan es el elegido por la mayoría. Darío decide ir con ellos.

Y con unos veinte, con Francis... Corbacho, Gomina y varios más, nos vamos caminando por arriba de las vías, sabiendo que desembocaba

justito en Caminito. Las vías eran de un viejo ferrocarril que ya no circulaba. En pocos minutos llegaron a la avenida principal de Caminito. Lo primero que nos pasa

es un pelotón de motos de la policía que ya estaban con la costumbre de ir de la 2. Que te un policía manejando y otro con una escopeta atrás. pero nos pasan a dos metros, tres metros. Pasan, miran y siguen.

El grupo de barras siguió avanzando. Estaban por llegar a la salida de la hinchada de River y entonces... De atrás mío

escucho... disparando hacia la gente de River. Fue un desparramo de gente para todos lados.

Darío declaró que el primero que disparó fue Francis, que dio unos tiros al aire al grito de dale boca. Inmediatamente otro barra, que Darío no conocía, disparó directo hacia los hinchas de River.

Se escuchan tiros, que yo en su momento pensé que eran los cuetes o famosos tres tiros, y no, resulta que había habido un par de tiros de verdad y la gente se desparramó.

Así lo recordaban los hinchas de River en el primer episodio.

y escuchamos lo que supusimos que eran disparos, eran como explosiones.

A Darío también lo sorprendieron los disparos y se tiró al piso. Nos dijo que no se lo esperaba, recordemos que el plan era infiltrarse entre los hinchas y robarles las banderas, no empezar a disparar a mansalva. No podía creer que no hubieran matado a nadie. Después de unos segundos se levantó y reaccionó.

Cuando pasa todo esto allá directamente, que disparan y todo, mi primera reacción fue darme vuelta y volverme para atrás, por el mismo lugar que había venido.

Algunos barras se quedaron ahí, peleándose los golpes con los hinchas de River. Pero otros, incluyendo a Francis, que hizo los primeros disparos, hicieron lo mismo que Darío. Y luego de unos minutos, todos convergieron nuevamente en el estacionamiento, el punto de partida. Ahí se había quedado un grupo de barras al que ya se habían sumado algunos más.

Y bueno, ahí ya están los principales. Ahí ya estaba Manzanita, estaba Francis, estaba Marcelo de Lomas, estaba Corrobacho con el hermanito, estaba Niponi. Entonces ahí Niponi, bueno, vamos a

buscarlos, vamos a Huergo. Su plano original. Así que mientras en Caminito estaba llegando la policía para intentar controlar la situación, este grupo salió para el lado contrario, a la intersección de Huergo y Brasil. Al menos en el grupo que iba adelante ya iban todos los fieles. Sabía que todos los

que estaban adelante estaban todos enferrados

Todos tenían armas, dice Darío. Gomina, Marcelo de Lomas, Corbacho y hasta Corbachito, su hermanito de unos 11 años.

iba caminando al lado mío, iba el hermanito. El hermanito sacó un fierro, sacó un 38, y sacó unas balas del bolsillo. Que alguien le estaba pidiendo balas al nene. Y Corobachito dice, no, no te las puedo dar porque son de mi hermano, ahora se las tengo que pasar. Corobachito venía caminando atrás. Toda

esta situación puede parecer irreal.¿ Por qué seguir a un grupo de gente armada? Pero tratemos de mirarlo en contexto. La barra siempre iba armada y en ese momento Darío estaba siguiendo a los barras más importantes de la 12 después del abuelo. Era una situación que en el contexto de la barra era fácil de normalizar. En total caminan unas 10 cuadras, cortando camino por las calles internas. Darío recuerda que en ese momento eran como 40 barras.

El más atento a todo era Niponi, porque Niponi le decía a Manzanita, le decía, che, hay que mirar bien la cara con los que están con nosotros, estos pibes no están nunca con nosotros. Está bueno que estén con nosotros estos pibes. Vamos, vamos, vamos. Dándose fe, viste, todo ese tipo de cosas.

Sobre la calle Brasil había unas canchas de tenis que ocupaban casi toda la cuadra. Y llegando a la intersección con Huergo, en la esquina, había un galpón. En el medio pasaba una vía de tren y ahí, cubiertos por el galpón, el grupo de barras se quedó a esperar a los hinchas de River.

Una emboscada. Yo sé que vos me vas a venir de frente por una calle. Esa calle tiene una sola salida. Te voy a esperar en un término donde vos no me veas a mí y yo te puedo atacar a vos. Donde vos obligadamente tenés que venir de frente, yo te voy a esperar de frente a un costado. Así es como se

ubicaron. Estaban escondidos de tal manera que ellos iban a ver a los hinchas de River primero cuando empezaran a llegar. Pasaron unos 10 minutos y todavía no llegaban. Entonces Niponi les dijo a dos de los chicos, uno de ellos Corbachito, que se adelantaran hasta Huergo y avisaran cuando viniera la gente de River. Estos movimientos a Darío ya lo ponen en

alerta. Yo de ese grupo ya me había empezado a quedar rezagado unos 20, 30 metros. A la expectativa que se arme y después ver qué se hacía. Y se escucha a uno de los nenes decir, ahí vienen, ahí vienen.

En ese momento, varios barras salieron de su escondite y fueron rápidamente hacia la intersección de Huergo y Brasil. Los primeros que se adelantaron fueron Manzanita, que no tenía arma, Corbacho, Francis y Niponi. Esa avanzada le hizo señas al resto para que se agacharan o fueran despacio, porque ya se estaban acercando los camiones Mosquito, llenos de hinchas de River.

Yo la primera vez que escucho

disparar, Lo escucho al costado mío. Yo giro la cabeza y veo a dos niños. Corbachito y uno más. Corbachito con el revólver.

Ahí se desató la balacera. Niponi comenzó a disparar su arma, un revólver calibre 38, al grito de van a morir todos, van a morir todos.

Después se escuchó a Nishan, que era pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa. Empezaron a sonar todos los demás disparos.

El primero de los camiones pasó rápido, pero el segundo recibió de lleno los disparos.

Y ahí empezamos a ver como la gente se agachaba, no sé qué, y empecé a escuchar el golpe de lo que yo pensé que eran piedras en los metales del camión. Escuchaba ping, ping, ping, ping, ping, pero muchos.

Yo me hago una bolita y se escucha balazo, ping, bong, bong, bong, bong, bong, bong, bong.

Los barras disparaban al grito de aguante boca y dale boca. Cuando el segundo camión pasó por arriba de las vías del tren, hizo una pequeña frenada.

Yo cerré los ojos, escuché una frenada de atrás del camión y vi caer alguien

No lo sabemos con certeza, pero es posible que esa persona que Darío vio caer haya sido Walter Vallejos, una de las víctimas. Cuando el camión frenó, algunos barras aprovecharon para acercarse más. Darío cuenta que, querida, se posicionó en la parte de atrás del camión al grito de« vamos a seguir dándoles que se quedaron», mientras disparaba 10 o 12 balazos. En plena balaseada, alguien dijo

vamos, vamos». Fue una secuencia de segundos.

Querida es el que gritó, cito, vamos, vamos que ya está, que va a venir la policía, según declaró Darío. Entonces, los barras que estaban con las armas se replegaron y escaparon por el mismo lugar por el que habían llegado, el camino entre las canchas de tenis y el galpón de la esquina de Huergo y Brasil.

Y en particular, de los que yo veía venir desde los últimos rezagados en replegarse, era Niponí, lo que hace es sacarse un buzo canguro que tenía puesto, haciendo como una bolsita con el buzo, y vos decías que cada uno que se iba rimando a él, iba dejando los fierros. Miguel, Querida, Marcelo, Corbachito, Corbacho, todos.

En ese momento llegaron a unas canchitas de fútbol que están a la vuelta de Huargo y Brasil, administradas por el capitán Barani, otro miembro de la barra de Boca, a quien ya conocimos en otro episodio. Estaba cerrando el carrito de comida y bebida del lugar, una especie de food truck, cuando cayeron los barras.

Yo me quedo unos 50 metros atrás y veo que arriba del carro ese suben Ipponi, Miguel, querida, y un par de pibes más suben ahí, Con ese bolso que ya estaba hecho un bagallito. O sea, con el buzo que tenía

envueltos los fierros. Y

al toque bajan sin

eso. Las armas quedaron al resguardo del capitán Barani, quien las lanzaría luego al Riachuelo, el río que bordea la zona sur de Buenos Aires. Desde la intersección de Huergo y Brasil ya se empezaban a escuchar las primeras sirenas. Darío y los Barras, sin las armas, decidieron volver al estadio, pero separados, para no llamar la atención.

Cinco para un lado, dos para el otro, tres para el otro. Yo, una particularidad mía que consideraba un quilombo, no me gustaba salir corriendo, prefería salir caminando y mirando bien para todos lados.

Darío cuenta que en el camino volvió a cruzarse con muchísimos policías, la misma cantidad que antes. Unos 20, 25 minutos después de la balacera, todos volvieron a reencontrarse en la bombonera. Y ahí había unos tres o cuatro autos.

Que son los mismos tres o cuatro autos que habían estado al principio, antes del encuentro, en la casa de Manzanita para venirse al estadio.

En uno de ellos, un Fiat Espacio Blanco, estaba José Barrita, el abuelo.

Y bueno,¿ y José qué saca la cabeza por la ventanilla del espacio? Váyanse todos

a la mierda, no saben lo que hicieron. No los quiero ver a ninguno

Darío no sabe si ese enojo del abuelo era porque habían ido a pelearse con los de River, porque habían disparado... o porque ya sabía que había muertos. Los autos arrancaron y se fueron. Autos para un lado, autos para el otro, a la mierda de todo el mundo. Darío se tomó un colectivo y se fue para su casa. El día después recibió la visita misteriosa que ya les contábamos, la del hombre que le dijo que el abuelo mandaba a que se borren todos. Y así siguieron los nervios, las noches sin dormir, las dudas, y finalmente la resolución de ir a la fiscalía a declarar. Decisión que, tres años después, lo llevó a la silla donde está sentado ahora, delante de un micrófono, frente a las juezas. Y donde acaba

de relatar todo lo que pasó después de ese superclásico del año 94. No me preguntes cuánto duró

esa audiencia que yo tuve ahí en tribunales, pero incluyó de todo. Incluyó declaración, volver a meter... Las llagas de herida, volver a revolver

a revolver. En total, incluyendo las preguntas de la querella, la defensa y el tribunal, su declaración dura más de cinco horas. Pero no termina ahí.

Uno de los abogados pide que se haga un careo

Un careo es una especie de enfrentamiento entre dos o más declaraciones para discutir sus contradicciones. Y el que quiere carear a Darío, tener un mano a mano... es Freddy Cáceres Romero, alias Bolita Niponi, uno de los barras más salvajes que el mismo Darío describió como, cito, un ejecutor de las órdenes más aberrantes. Una última pausa y volvemos.

Antes de seguir, creo que vale la pena contar cómo fue detenido Bolita Niponi, cómo llegó a estar en el banquillo de los acusados en el juicio. Es para hacernos una mejor idea del tipo de persona a la cual se enfrentaba Darío en ese careo que mencionamos antes de la pausa. La historia es esta. Cuando la fiscalía emitió las órdenes de detención después de la declaración de Darío en el 94, Niponi era uno de los barras que se había fugado. La

policía no sabía nada de Bolívar Niponi. Parecía que se lo había tragado la tierra.

Este es Gustavo Gravia, el periodista experto en barras que ya escuchamos en otros episodios. Niponi tenía fama de ser un barra salvaje y violento, pero tenía un punto débil. También era un ladrón.

Lo que pasa es que Bolita Niponi había hecho un robo con un compinche de él de Loma de Zamora

O sea, un cómplice de su barrio. Cuando hicieron este robo, su compañero escondió el botín, pero después lo agarró la policía. Y Niponi nunca se enteró de dónde estaba ese dinero robado. Pero ahora, estando prófugo, lo necesitaba para sostenerse. Así que unos meses después del superclásico, decidió ir a visitar a su compañero a la cárcel.

Para que le dijera en dónde estaba escondido el botín y la mitad que le correspondía a él. Y ahí en el penal quedó la huella de Bolita Limponi. Alguien lo reconoció y empezaron a seguirlo.

Y así se dieron cuenta de que se escondía en el barrio Villa Albertina, en Lomas de Zamora. Era un barrio de emergencia, de casas precarias y callecitas internas, pero no sabían cuál era el lugar exacto. Entonces la policía diseñó un plan para agarrarlo.

Villa Albertina por entonces carecía de gas natural, solamente se podía cocinar a garrafa. Y entonces la policía, para saber quién era o cuál de las manzanas de la villa era, vivía Bolita Niponi, hicieron una estrategia bastante inteligente. Se vistieron de operarios de la empresa de gas del momento, que se llamaba Metro Gas, y fueron casa por casa a decirles que firmaran para poder ponerles gas natural.

Los vecinos, confiados y sorprendidos de que se hiciera esa obra, firmaron la autorización cargando sus datos en las planillas que les presentaban para firmar.

Y así fueron tocando cada casa, hasta que en una de las casas firmó una persona con el nombre de Jorge Freddy Cáceres Romero, directamente, que era Bonita Niponi. Al otro día consiguieron la orden de arresto, tenían exactamente la dirección de él, lo fueron a buscar. El gas natural, obviamente, jamás llegó a esa villa.

Como resultado de esa operación es que, casi tres años después de su captura, Bolita Niponi está siendo juzgado junto a los otros Barras por el doble crimen. La defensa de Niponi es que él nunca estuvo en la intersección de Borgo y Brasil, que después del partido pasó por Caminito y de ahí se fue a su casa. La declaración de Darío dice todo lo contrario. No solo lo ubica en el lugar, sino que también lo marca como uno de los principales instigadores. O sea, es uno de los más perjudicados por su versión de los hechos. Por eso los abogados de Niponi piden realizar el careo, esta especie de enfrentamiento entre testimonios. El

fiscal se oponía.

Volvemos con Darío, que en ese momento sabe que alguno de los acusados quiere hacer un careo, pero todavía no sabe quién.

Y el abogado... Le insistí a la presidenta del tribunal. La presidenta del tribunal me mira a mí, me empieza a hablar a mí y me pregunta¿ Usted está dispuesto a hacer un careo con la persona que lo está solicitando? Sí, no tengo ningún problema. Y fue ni poner

Darío se queda sentado en el mismo lugar donde había estado declarando por horas. En una tarima que está frente a él colocan una silla con apoyabrazos. Ahí se sienta Niponi. Quedan frente a frente. Niponi es bajo de estatura y los pies no le llegan al piso. Se lo ve furioso.

Empezó lo típico de un careo, ir hasta acá con los tapones de punta.¿ Y vos quién sos?¿ De dónde me conocés? Yo no te conozco. Qué mala memoria, yo le decía delante del tribunal. Qué mala memoria que tenés vos. Yo era el que estaba al lado de

José. Darío era, recordemos, uno de los encargados de sostener a José Barrita, el abuelo, cuando se subía al Parabalanchas Principal. La estrategia de Niponi es desacreditar el testimonio de Darío, diciendo que está mintiendo y que ni siquiera es parte de la barra. Por su parte, Darío permanece tranquilo, mirando y escuchando a Niponi.

Todas estas mentiras que estás diciendo,¿ quién te manda? Yo quiero saber quién te manda, me preguntaba él. A mí me manda mi conciencia.¿ Y a vos quién te mandó a matar gente inocente? Porque vos y yo sabemos que mataron a gente inocente. Pero yo no fui. Pero vos sabés quiénes fueron. Vos estabas ahí

al lado. Para reforzar el planteo de Niponi, los abogados defensores piden que los otros barras acusados digan si reconocen a Darío como parte de la barra. De a uno, cada barra dice que no lo conoce. Todos se mantienen firmes en esa respuesta... Hasta que llegan al último, José Barrita. El abuelo dice que sí lo conoce. Después de todas estas idas y vueltas, el fiscal se pone de pie y dice. En

mi vida, en toda mi carrera de la justicia, jamás yo vi maltratar más a un testigo como a este.

Entonces, el fiscal pide que se termine con el careo y se deje de exponer al testigo de esa manera. Darío se baja del estrado y lo hacen esperar afuera de la sala mientras pasan otros testigos a declarar. La audiencia termina a las 18 y 20. Me

acuerdo que patente termina, me dicen a mí que me puedo retirar, a la vez a la par mía, atrás mía, se retira una de las juezas y me dice,¿ qué quiere hacer?¿ Quiere custodia? Le ofrezco custodia. Señora jueza... Le digo, ya terminó todo. Ya terminó todo, señora jueza, basta. Mañana empieza mi vida.

Fue, habló y los mandó al frente, dice la edición del diario Olé del día siguiente. En letras naranjas enormes que ocupan toda la portada.

Cuando habla, confirma todo lo que nosotros nos había dicho en la nota y muchas otras cosas más que dice ahí en el estrado y se produce, digamos, toda una especie de... frío de escalpelo que les va pasando más que nada a los abogados defensores por la espalda diciendo, che, me parece que después de esto lo tenemos perdido.

El testimonio de Darío es fundamental para el cargo de homicidio que enfrentan los Barras. Pero esa es una de las dos acusaciones que se están debatiendo.

Extorsiones, reventa de entrada, trapito, merchandising ilegal, bueno y todos los negocios... que la 12 tenía. Todavía

falta lo más difícil, demostrar los negocios ilegales de la barra. Y el principal apuntado en eso es el abuelo

Yo lo he recibido en mi casa un día el abuelo. Ajá,¿ por qué lo ha recibido en su casa? Para neutralizar todo lo que sucedía en Boca Juniors durante tres años y medio o cuatro

El final del juicio y el destino de los barras en el próximo episodio de Superclásico 94.

Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radioambulante Studios, y forma parte de la red de podcast My Cultura, de iHeart Radio. Esta serie fue producida por Mariano Pachella, Alejandro Marinelli y Sergio Rena. Los editores fuimos Pablo Arguelles, Daniel Alarcón y yo. La verificación de datos es de Ana Prieto. Mariano hizo el diseño de sonido con música original de Nicolás Pachella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización. La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Oscar Luna. La dirección de negocios y alianzas estratégicas

estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal. Carolina Guerrero es la CEO de Radioambulante Estudios. En iHeart, los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gómez. Radioambulante Estudios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg Pro. Puedes seguirnos en redes sociales como Central Series RA y suscribirte a nuestro boletín de correo en centralpodcast.audio. Soy Silvia Viñas, gracias por escuchar.

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